CHIMENEA DEL MORGAÑO ALMENDRAALEJO
Que grato descubrir lugares de nuestra zona de la mano de Cesar.
Tomamos el camino de los Molineros y de pronto en la lejanía fu divisándose la chimenea.
En una tarde llena de color, brisa, y viento suave al atardece,
Viento que habla que te envuelve acariciándote y trayendo olores de campiña.
Un regalo de los que mi adorable Cesar suele sorprenderme.
Des de niña no he vuelto a este lugar tan lleno de magia .
Eran años donde la distocia, de este lugar al pueblo mas cercano para llevar la cosecha era grande.
En este lugar estuvo el cortijo del Marquesito de la vega y la chimenea formaba parte de su hacienda
La gran almazara y bodegas, para la cosecha de sus tierras y para recoger la de la zona.
En aquellos años las tierra en una gran mayoría estaban arrendadas o bien a medias ( esto era mitad de la cosecha era para el dueño y la otra parte, para el que las trabajaba.
Este ponía su trabajo para sacar la cosecha, bestia para labrar la tierra, pienso para el animal, mas apegos de labranzas.
Bien arados o chisme como era conocido, nombrado este material de labranza, que era normal ver en las puertas de la calle de los dueños del (Chisme) que no tuviera pajar para guardar.)
Las rejas para el arado se gastaban y eran arregladas por el herrero.
Lugar que se llenaba de gran bullicio de personal, con sus carros, animales de labranza, junto los ladridos de los perros al oír los roznidos de los burros y relinches de mulas.
El cortijo del Marquesito a si llamado por los jornaleros que le llevaban su cosecha.
Por unos momentos sentí acercarse montado en su borriquillo a mi padre contando como lo hacia siempre, yo montada de tras de él, agarrándome.
Nubes de recuerdos del lugar, qué grato ha sido estar a la sombra de la conocida por la chimenea del Morgaño, donde en un pasado cercano era la zona del campo donde mas olivos había sembrado.
Las rejas para el arado se gastaban y eran arregladas por el herrero.
Lugar que se llenaba de gran bullicio de personal, con sus carros, animales de labranza, junto los ladridos de los perros al oír los roznidos de los burros y relinches de mulas.
El cortijo del Marquesito a si llamado por los jornaleros que le llevaban su cosecha.
Por unos momentos sentí acercarse montado en su borriquillo a mi padre contando como lo hacia siempre, yo montada de tras de él, agarrándome.
Nubes de recuerdos del lugar, qué grato ha sido estar a la sombra de la conocida por la chimenea del Morgaño, donde en un pasado cercano era la zona del campo donde mas olivos había sembrado.
ISABEL CORONADO ZAMORA




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