El verano.
El verano era un principio de diversión, gritos alegría.
Ver llegar subir por las escaleras, aquellos seres pequeños, tan queridos, que crecían tan rápido.
Eran mundos desconocidos, colores de experiencias, sentir los pálpitos de cambios que traía el verano.
Sentirte bien tener, el tiempo de no entender ni cuestión ni ver, a través del cristal de la fantasía.
Ver pasar la verdad de las cosas.
Perdonas que necesitaban abandonarse, al tiempo de un tren, que escuchaba sin estación ni anden.
Oir, sin hablas, dejarte de ser invisible, sentirte firme en cada paso.
Escuchar, conversaciones que te hacían prometer realidades, que te hacían sentir.
Aún sin ganas de que alguien llegara para hacerte viajar a los deseados lugares geográficos.
Viendo tu mundo en un cristal empapado de colores..
Hoy sería negociable, era verano, seco y ardiente, bonito en sus largos días.
Isabel Coronado Zamora


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