Mi pequeña historia de Almendralejo

miércoles, junio 17, 2026

 Lunes en un pañuelo.



Los lunes que hoy los tomo con simpatía era, piedras pesadas antaño.

Cuando llegaban después de un domingo el cual era utilizado por la mañana muy temprana para hacer de sábado y después misa eso no faltaba.

Había veces que para tener más tiempo se iba a misa temprano.

Las misas según la iglesia empezaban a las 6 de la mañana.

Lo de cabeza que he dado en el banco escuchando al sacerdote y el santo evangelio.

Los domingos era trabajar, planchar la ropa que te ibas a poner para el paseo la tuya y miembros de la casa.

Limpiar zapatos, ponerle a cada miembro la ropa bien colocaita encima de la cama.

Las madres más que hijas tenían criadas, y cuidadoras para la vejez.

Poco se le permita a las jovencitas, que se echarán novios se casarán y vuelta a empezar, pues las jóvenes se pensaban que contrayendo matrimonio iban a ser más libres y era todo lo contrario.

El hombre era siempre independiente, y su santa voluntad era cada vez más fuerte.

Volviendo al domingo de aquellos años cuando te empezabas pr fin arreglar sacar del ropero tu trajecito de los domingos y te ibas vistiendo empezando por vestirte de limpio el baño era un lavado por partes en la palangana con agua.

Pocas casas tenían pozo y menos agua corriente.

Te ibas vistiendo despacio mientras te mirabas en el espejo quebrado de la puerta del armario.

E ibas viéndote como tú cuerpo iba quedando para ti armónico con la vestimenta.

Ponerte las medias era una maestría rara era la vez que al ponerte con un padrastro de las uñas no te hacías una carrera (corrido) había que llevarla a coger.

Había personas décadas a Ester menester para el que se necesitaba mucha destroza.

Era más que económico que comprarte unas nuevas, no quedaban igual, pero valían y la economía era tan escasas que era lo que había.

Una vez arreglada y revisada por la madre ibas a casa de las amigas que se iban recogiendo casa por casa y si no estaban arregladas a esperar.

Una vez todas juntas se iba a la calle real y arriba una vuelta y abajo otra a si hasta que llegaba las Díez menos cuarto para casa a las diez había que estar.

ISABEL CORONADO ZAMORA


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