Mi pequeña historia de Almendralejo

viernes, agosto 14, 2026

 Querer 



El árbol, sin testigos, sin maldad, queriendo dejarse ser el remedio en el caminó, el consuelo del caminante.

Refugio del primer amor, ser querido,  sacar del querer y dejar pasar.

Mentes que forman parte de un corazón, sufriendo, fuera de el, que fueron los cariños, borrados en un tiempo de caricias.

Vidas llenas de un borrador, en la gracias, de un Dios.

Hoja en blanco, manos buscando los golpes de destrezas.

Sonidos que fueron olvidados, mientras entraban otros, que anulaban, la brisas de las ramas, del árbol refugio de momentos añorados.

El árbol ha todos le veía, sonreía y dejaba en casa unos el amor como antaño.

Cuando los ojos se fueron languideciendo sin salidas, ni amanecer, sin decir que te vas.

Dejar la marcha, para unos años llenos de promesas, sin querer pasar por el centro de cada momentos, que van hacia el centro y no se puede hacer nada.

Besos, que fueron olvidados, temores de ver sin sentir la mirada, que lograba hacerte un nudo en el estómago.

Que hacían palpitar el corazón, como la hoja frágil del retoños de brote en primavera.

Isabel Coronado Zamora 

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