Mi pequeña historia de Almendralejo

domingo, julio 12, 2026

 

PLAZA DEL MERCADO

                                               


 

Fiesta de la barriada de la plaza o mercado. Almendralejo

El primer recuerdo de este lugar, es de una verbena, no sé porque fuera sí que fui con mis padres.

Aun estaban en pie, los quioscos de la explanada, (o aguaduchos) como popularmente eran llamados.

La visión de los recuerdos, es una película de improvisaciones, donde surgen escenas olvidadas, en quietud, paralizadas en el tiempo, espacio, donde surge la imagen sonriente de mi padre, con un paquete de algo blanco que el vendedor le había dicho que eran (palomitas de maíz)

Que cosa más rara, contesto, mi madre nunca había conocido tal golosina, cuando la probé mi gusto infantil, no le llamo al paladar y con el cartucho de papel traslucido, donde parecía que las palomitas revolotearan buscando la salida, para emprender vuelo, agradecí que mi padre viendo que no eran comidas, me la arrebatara de las manos, con gracia y se pusiera el envoltorio, en la boca donde empezaron a volar las palomitas a su boca mientras reía a carcajadas y me miraba.

Nos acercamos al Aguaducho, regentado por uno de sus amigos, que le había dicho que traía como novedad un líquido con color chocolate llamado Pepicola.

El mostrador era circular llena de bullicio, lo que más se bebía, vino y aguardiente.

Sonrisa, alegría, todos queriendo ser atendido, la bebida era, gaseosa, casi todos pedían un refresco de Orange (de naranja), para las mujeres, bebida, efervescente, marrón, el amigo que nos llama la atención con ánimo, de que probaremos, que nadie por desconocimiento pedían.

 En la barra de cemento, coloco tres vasos de cristal, llena de Pepsicola, en esto en mis recuerdos veo llegar a mi tía Amalia con su trole y marido, tan dicharachera, alegre y sabedora del mundo.

Y poner vasos para todos, hay que tener en cuenta que en estos años el frio para las bebidas, no existía y la nieve, aunque la fábrica de hielo de Cueva, suministraba, a los industriales de  Almendralejo y todo el que precisare.

 Al tabernero de aquel quiosco, se le debió olvidar el pedido y allí todo era servido del tiempo de un mes de julio de la época.

Cuando probé aquel líquido marrón, calduo y caliente, con un sabor que mi paladar no estaba hecho, dije que no le gustaba.

 El rechace, siendo observada, con mi corta edad, viendo mi tía, el momento que pasaba, me tomo el vaso, se lo llevo, a la boca y como entro salió, diciendo que aquello estaba malo.

 El marido hombre sabedor de sabor, dijo. ( Esto es sencillamente Zarza Parrilla de toda la vida).

Se escucharon carcajadas divertidas y una voz, que dijo, pero como no conocéis esta bebida americana (Pesicola).

Con gracejo alguien de nuestra reunión contesto, fría a lo mejor, pero esto es un caldo que aun necesita elaboración.

De aquella noche recuerdo la música de uno de los grupos del pueblo y aun músico que saludo mi padre, cuando mi madre le pregunto quién era, el contesto (El Mene).

Feliz el churrero, su jeringaría, la tenía abierta, juntos nos encaminamos a ella , había que esperar cola, nos sentamos en los poyetes del cerramiento, que antaño la rodeaba mientras los mayores iban a comprar la “Jeringa”.

Mientras no parábamos de reír, jugar nos daban una perra gorda y compramos algodón de azúcar, con un sabor tan raro, que fuimos a decirlo que nos habían dado algo que estaba malo, contestación—Es un pan mascado, toma otra perra y comprar turrón.

El turronero cuando fuimos, empeñándonos, para llegar al puesto, con ojos golosos, primero pidió el dinero de cada uno, conto las perras gordas que daban para un trozo, que dio al mayor, de los primos, mientras los otros llorábamos desconsolados.

Fuimos en busca de los mayores, pero cuando vimos que salían con la jeringa, pasadas las porras crujientes por un junto, corrimos a su encuentro, saboreando tan rico manjar,

Los recuerdos, son telones a medio abrir, los tramoyistas somos notros solo tenemos que alzarlo.

Isabel Coronado Zamora

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