Mi pequeña historia de Almendralejo

miércoles, julio 15, 2015


ALMENDRALEJO A LO LEJOS

El camino que tomamos era curvo, sinuoso, lo empezamos a las afueras del pueblo, pronto la noche nos fue tapando con su oscuridad.

Las estrellas brillaban, palpitaban tan intensamente que parecían que se fueran a descolgar y ponerse delante de nosotros.

La orilla del camino terminaba en una cuneta empinada que nos hacia perder el equilibrio y agarrar nos uno con otros fuertemente.

La noche era inmensa, la luna se había marchado, el firmamento era como una caja de bambonees envueltas en papel brillante.

Que lujo estar mirando tantos palpito, que se hacia notar con sus destellos. Mi mano agarrada al del acompañante, se sentía suave, protegida por el calor que despedía.

El camino choco de pronto con una construcción tan cuadrada, que parecía un dado, la noche daba para imaginar, pronto sentimos miedo al aproximarnos, cuando sus arboles empezaron abatir sus ramas y las hojas a tocar palmas una con otras.

El cerramiento del jardín estaba semis derrumbado, un gato esbelto guardaba la baya, sus ojos brillaban, los aullidos daban señal de no estar dispuesto a dejarnos pernotar, tan poco nosotros queríamos el lugar, sus ventanas parecían estar ocupadas por seres pendiente de los que pudieran entrar.

Que lugar, olía a miedo, cuando ese olor se siente es mejor alejarse, calzar los zapatos, prestos para retomar el camino, sin mirar hacia a tras.

A si se hubiera echo, cuando  aparecido tanta sed, que nos hizo divisar una fuente donde el agua manaba sin cesar, un liquido claro ruidoso, listo para degustar.

Saltamos, uno de los que iban por agua, cuando estaba con la cantimplora debajo del chorro, una mano salio de las entrañas de la  fuente y tomo el recipiente, con tanta fuerza que el dueño salio despedido,  el susto lo paralizo al escuchar una voz que decía "ESTE AGUA ES MÍA".

La mano terminaba en un brazo y este en un cuerpo, tan fuerte que no se divisaba el fin del tronco, que estaba sujetados por piernas fornidas y potentes, portador  del cuerpo de un gigante, que no tenia cara, pues todo el era una cabeza, en forma de  un dado,  de colores, que luchaba por salir del cuadrado, que encerraba una  cara, que  luchaba por que todo el volviera a su normalidad.

El fantasma salio y empezó acorre tan rápido, que de un salto se puso delante de los que huían, el agua que salia rápida, iba al encuentro inmerso que retomaba la corriente que se lanzaba sobre nosotros queriendo, con su lengua a sorbernos para  retomar energia.

Empezamos a correr, la lengua de agua mas corría, e iba regando la tierra por donde pasaba y brotando a su paso, tantos espinos, que pronto se despegaron de la tierra y salieron detrás de los intrusos, lanzando sus púas, obligando a protegernos con las mantas, que empezaron a liarse nos, con nosotros.

 Envueltos en ella, empezamos a elevarnos, subir  al encuentro de las estrellas, que montábamos y nos portaban  sobre sus puntas y empezamos a girar por el firmamento, a ver los destellos de los astros.

Era todo tan bello en el firmamento, hasta que apareció, la osa mayor y nos enfrento con al osa menor, que no quería extraños en su firmamento.

 Aparecieron estelas,  aleccionando, con severidad, nos lazaron, hacia las nubes, que   agarramos, nublados negros para estar con sus amiga y poder narrar y hablar de tan vello viaje.
ISABEL CORONADO

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