UN ATARDECE SOBRE MIS PIES
Aquel atardecer, mirando el mar, batiendo sobre una costa la tranquila, con una arena fina acariciada por sol, brillando en lo más alto, de un estío caluroso.
Disfrute, de paseantes, gente bailando en la orilla, la música sonando, la serenidad, tranquilidad de las olas en un constante movimiento hacia ti .
El sol reflejado se en el mar, junto a las nubes pequeñitas, que es como si las hayamos ido pellizcando y depositado en el cielo, las plumas flotantes que se alejan de la sombra, en busca del horizonte, recta tan perfecta y tan inalcanzable
El espigón con sus piedras, mojadas, paseo de una vida, en una bajamar que ha dejado una playa tan lisa tan suave, que al pisarla el sonido de una guitarra, el rajaos de una guitarra, sus notas están llenas nostalgia, de un tiempo, de asir manos menudas y abrazos.
La música con canciones que se despegan deseosas de llegar al horizonte, admirar, la belleza de la naturaleza, deseo de cuidarla cada día más.
Ver unos niños jugando, en esta playa en las cuales ante jugaron nuestros hijos, palabras que quedaron impresas , enamoradas del brillo del agua, deslizarse haciéndose adueñándose, de la playa, como una sociedad nacional.
Los paseantes sintiéndose libre, dibujando en la arena, que quieren encontrarlo, que un día dejaron en esta playa.
Quisiéramos encontrar recuerdos en la plaza del día que un niño, jugando haciendo bolas de arena, colocándolas como un sistema solar.
Imágenes de ese niño, jugando, en la playa, sobre esta arena que pisas.
Cuántas personas compartimos, en un momento dado, cuyas huellas desaparecieron, solo queda un puñado de recuerdos, que son proyecciones, si pudiéramos, entrar dentro de ella, o abrazar alguna de las que solo tu encuentra.
Ese momento, de dicha, guitarra, tardeando, brillante, tan soleada, qué bonita es Dios mío esta tarde,
La música, la gente joven, esperando de la vida qué será, Dios mío cuando las he ido recolectando como un racimo de uvas en el esportón de esparto.
Cada vida tiene una vivencia, nacidas, de la quietud que tiene una playa, con su hamaca destartalada, en cualquier rincón de ella.
Una rampa, una madera, el señor de una campana, un balón de fútbol de pena, Dios, cuentos en una playa.

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