Aquel día.
El vuelo de las gaviotas, sin César , a veces paradas en la orilla, picoteando los restos míseros , que con prisas tomaban.
Gentes paseando, era un de septiembre, con un horizonte, limpió y luminoso.
Una suave brisa, nos daba como las últimas caricias del verano.
Oir conversaciones tan diversas, bajo sombrillas, de multitud colores, refugio de calores y rayos de sol luminoso,.
Que chocan contra la arena brillante, pisadas por pies que iban a la frescura del agua para desliza sus cuerpos en la brillante espuma que iba en busca de la orilla.
Patologías, diversas chocando con paredes, que dividían conversaciones.
Escuchabas, los difusores de palabras, no hay nadie, decían de lo que hablaban lo escuchaba fraccionado y de pronto oía - eso dice mucho_ de que y continuaba del agua del mar, y continuaba esto no se vacío ni lo ella mina la evaporación.
Y proseguía, como se convierta en sal todo.
Uf, un desierto, a una altura, el otro, obto por irse al agua .
Una vez al señor, que mas da , te lo cuentan .
Controlando la diversidad, para una comunidad, se ve acercarse una diversidad, sin continuidad.
Lo bueno, se calla, y ul lápiz empieza a escribir, mandando, ideas surgida en tu cabeza.
A huevo, pasan ideas, van en cadena, no se sienten, pero piensa, que no se puede ver la felicidad.
Reir, pero no sé desliza sin notarse y con el saberlo, como un picor, traé el hacia el pelo que te cubre, cuentas el rollo que sirven de montones de palabras.
Isabel Coronado Zamora


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