¿Qué fueron los Silos? Pues construcciones que los labradores hacían para guardar el grano en la antigüedad, ¿Cómo? Pues os lo voy a contar.
Un buen Silo que conservara bien el grano, se hacían en zonas altas, cuyas tierras fueran de Caleño o Crea.
Su construcción era muy rústica: se hacia en el suelo un hoyo, con una circunferencia de dos varas y una de profundidad, siempre dependiendo del grano que almacenar, para su mejor conservación, en el fondo (llamado caldera) Antes de echar el grano, se ponía una capa de paja y se forraban con ella las paredes hasta el gargallo (gañote) para que esta absorbiera la humedad de la tierra.
Una vez construido el Silo y acondicionado, el grano se iba depositando en el centro y una vez llenos la boca de entrada se tapaba con paja y una losa fina de pizarra, (si recordáis el pavimento ya desaparecido de la callejita las lanchas pues como estas eran). Los dueños sabían su ubicación por una señal característica por ellos conocida y nunca se confundían.
Cuando se sacaba el grano se procuraba que fuese un día de viento para poder ventilarlo y limpiarlo de asientos.
En Almendralejo hubo cuatro Sileras conocidas, la de la plaza de abasto (me cuentan que fue llamada San José, otros mayores opinan que no tubo nombre).
La Silera de San Roque, lindaba con la ermita de igual nombre que fue destruida, hoy terrenos del colegio y parroquia de San Roque. Esta silera también fue conocida por “Petra Macho” por tener esta mujer una casa allí, con una chumbera muy alta que rodeaba la vivienda.
A la silera de Santa Ana, llamada así por estar en las inmediaciones de la ermita de igual nombre, ya desaparecida y en la actualidad Colegio San Francisco y calle Santa Teresa en la antigüedad llamada calle el Barro por haber muchos charcos, provocados por los huecos mal tapadas que habían dejada los Silos.
La Silera de San Antonio o de los frailes, estaban pegadas al convento con igual nombre, hoy hogar del Pensionista; en el pasado casas de maestros.
Cuando se derriban estas viviendas para hacer el actual hogar se pudieron ver los silos que habían permanecido debajo de ellas enterrados. El más reciente aparecido al caer las últimas casas de maestros, era tan grande que para poder taparlo se hubiera necesitado más de un camión de hormigón.
Cuenta mi padre que la Silera más antigua de Almendralejo, estaba en los terrenos de la plaza de Abasto, en una de la remodelación del mercado se pudieron ver algunas de estas edificaciones.
Construcciones proliferas y necesarias, para la conservación de los cereales. Hubo Silos dobles con una sola boca, en su interior en el medio tenían una abertura por donde iba pasando el grano del principal al otro hasta llenar
Si las construcciones no guardaba las normas, bien por no ser zona Caleñosa o se hacia antes de dar con el caleño, al abrir el Silo el labrador se encontraba que el grano había retoñecido con la humedad y se había perdido.
Una vez sacado el cereal estas cámaras guardaban vaho (sin oxigeno) perecieron personas en ellos al sacar el grano o limpiarlos. Entonces cuando se abría el Silo para que se oxigenará se manteaba, (con una manta echar aire hacia dentro).
Hubo un año que la cosecha de los cereales en la comarca se perdió y no hubo al año siguiente, tardando tiempo en recuperarse la de trigo, siendo necesario traer este producto de Andalucía y la Mancha.
Una fanega de tierra sembrada de trigo daba treinta fanegas de trigo rubio o raspinegro, de la misma cantidad cultivada de cebada, se recogía cincuenta fanegas. Cada agricultor estaba obligado a sembrar un cupo de trigo para moler y con la harina hacer pan.
Los cereales se sembraban en el termino de Almendralejo, los cultivos de viñas y olivos en las tierras de los pueblos que cercanos.
Cuando la uva cuesta haya por los años 1940, quince pesetas la @ las tierras sembradas de cereales son ocupadas por viñas y cuando la aceituna de verdeo es más rentables, gran parte de vides son arrancadas y la tierra sembradas de olivos, dejando se de sembrar en casi todo el termino el cereal.
El documento que os ofrezco para que leáis fue narrado por José Coronado Cano, persona de gran memoria, bondad y cordialidad.


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