UN AYER
Estoy aquí no de izquierda, los ojos y ver primero pasa a aquella primeras elecciones me veo yendo a la escuela de idiomas.
La Constitución, la primera foto de las ilusiones, no distinguíamos una izquierda de otra, siendo de cualquiera.
La niebla era lo que embolia, la izquierda unida, ya fuera de lo que fuera no conocíamos a nadie, solamente, oír, hablar de aquellos políticos, pero poco.
Más cierro los ojos y veo mi padre, diciendo que esto era bueno era bueno, pero la verdad han pasado los años y emocionan, educación y respeto pero no te sabría distinguir en política de otros.
Cierra los ojos veo aquellas momentos de la democracia, cuantas ilusiones y veo que ha sido cosa buena, porque en 40 año, se ha logrado un bienestar, una educación.
Sin saber estar, quedar perdido, lucha por sus creencias y son de respetar, cierra los ojos, veo aquella plaza de abastos, el cemento como decía lleno.
Aparecen aquellos artistas que vinieron a la de los mítines que cada vez crecían mas en la la plaza del Abasto.
Los cantes los artistas cierra los ojos Carolina hasta reposar y veo el Socialista popular en el Victoria que vinieran ya mayores y muy reconocidas incluso tiene una verdad, no eso que nunca que por falta de conocimiento.
Cierro los ojos, solo y veo la historia la trayectoria la juventud, me veo oyendo en el coche en aquel cuatro l, con la bandera de Extremadura hacia hacia la plaza de toros de Mérida y me veo allí, viendo el mitin, de Carrillo, embarazada de mi hijo.
El sol de nuestras vidas brillando, reflejándose en él, cosas que han ido pasando por mi vida, mis hijos.
Veo a Silvestre, que está aquí y recuerda aquella vida mientras movientes, a parecían representantes, en Almendralejo Marcelino.
Comisiones obreras donde se reunían, que habían días donde jugaban y les dejaban todas las partidas gratis ya daban actitud, con Silvestre, Asuar, Pavón, de distintas ideología en total armonía.
Como han pasado, nos hemos vuelto muy educandos, nueva gentes, pensé si mi padre lo viera ahora, sonreiría, hoy son las tardes decía mi padre, que el viento, habla escuchando el susurro de palabras.
ISABEL CORONADO ZAMORA



