Mi pequeña historia de Almendralejo

jueves, octubre 02, 2014





 Almendralejo

Si tomas la nacional 630, encontraras una población que divisaras en la distancia, en horizonte.
 La  altiva  torre, es genial no se quien la diseño, gusto y dinero le hecho, es diferente, ninguna es como ella ni semejante, es cabezona,  altiva, radiante y sugestiva, se eleva al cielo para dejarse caer arropando con su sombra un pueblo reflejo de la piedra de la que fue construida.

Almendralejo esta sobre una meseta, rodeada de viñedos, que en el estío mas seco, el vendrá atardecer a  embriagando, viendo mieses, doradas agarradas a una cepa que se vuelve hacia aquel que la mira, para siniestra mente  dar una vuelta sobre sus brotes y pámpanos,  para en la tarde cuando el viento mueve sus hojas, se agarra a las nubes, de un color grisáceos que baja, absorbiendo la humedad para derramar sobre la comarca llanto de lluvias que se vuelven prospera.

Almendralejo es singular al igual que sus habitantes, luchadoras  que parece que las dejaron caer en el mapa de esta comarca de Barros,  arcillosa, que se siente y adsorbida, a la suela de la zapatilla para quedar su polvo en ella como identidad de una circunstancia.

Caminos  que van al vía de la plata legendario paso de la historia dejando huellas plasmadas en cada surco del camino, cunetas, laderas y cunetas,.
Piedras que están llenas de surcos que sirvieron de atalllas y derrumbadas, sirven de asiento al caminante errante en busca de una vida que vence los años y aquel que quiera borrarla del mapa comarcal.

Atardecer es de puesto de sol en un cabezon  redondete que daba la vuelta al pueblo como una circunbalacion para mejor acceso a los caminos y salir de ellos y entrar en el pueblo. Caminos que por derechos de unas gentes pegadas a una llanura y a un punto de identidad, que llena  aquel que nació y sus raíces, penetran en la tierra, arcillas que llena a aquél que la quiere d elo mejor que un lugar puede dar.
ISABEL CORONADO





CABEZO DE SAN MARCOS

Si cuando pensó, vio el camino que conducía al lugar donde se podía divisar el lugar calmado de las estrella, solo estaba la oscuridad y un cielo plagado de estrella.
 Estaba en el cabezo de San Marcos, la noche era ideal todas las estrellas palpitando sobre ellos en el horizonte, el castillo de Feria.
 Sobre saliendo las luces en la lejanía de Nogales  que le sobre salia el castillo.
Y en las cercanías la luminosidad del pueblo, era todo ideal, si miraba la Osa Mayor,  la Estrella Polar y la estrella llamada Arturo  palpitante.
 La constelación de Andromeda, la vía Láctea, que caminaba sobre nosotros. Descubrimos con el telescopio a Saturno, sus anillos y el cercano Martes.

Era todo celestial, estábamos sobre ruinas de hacia cuatro mil años, sobre grabado en piedras que hablaba de habitantes de la zona que se regían por las estrellas,  constelaciones, los cambios de luna. Que les hablaban de los cambios de estaciones con los solsticios.

De pronto la luna se hizo presente, señorial, despacio, sin  prisa rotando, estaba encima de nosotros. Con el telescopio vimos sus mares  y hasta sus ojos.

Una noche en que se debieron despertar  los anidados preistoricos, que dejaron huellas permanentes, que tomaban vida y empezaba  a estar junto a los avances, que decían lo mismo que ellos a base de observar descubriendo en  la bobeada celeste  y hablaba con ella y ella le respondía, con una pronta primavera y un breve invierno,  diciéndole cuando se debía realizar la siembra.

ISABEL CORONADO ZAMORA

miércoles, octubre 01, 2014



LA VEJEZ

Paseando con mis nietos, mirando les su caritas hemos hablado, palabras calladas, una conversación intensa.
 Como la vejez no llega de pronto, se instala en nosotros poco a poco sin apenas darnos cuenta, con paso silencioso, pero seguros.
 Te hace creer que eres el mismo, pero de pronto te das cuenta que tu evolución va tocando: puntos y comas y puntos aparte.
La mirada de Adrian era intensa como dándome palique y diciendo que el estaba augusto, viéndome.,

 Quería apresurarse en crecer, para camianar a mi lado y escucharme tantas historias que no quería perderse.
Mi querido Pablo es jaleado simpático a rabiar, nada más veme me ofrece su mejor sonrisa, patea y me tiende sus manos con premura diciendome que se siente feliz de verme, y cogerme las manos , cuando logro cogerlo, me acaricia con sus dulces manitas regordetas, .

Con los hijos nos perdemos cosas que con los nietos queremos recuperar, pero lo perdido no se recupera.
ISABEL CORONADO