miércoles, junio 28, 2023
martes, junio 27, 2023
AQUEL DÍA EN EL MANZO
Aquel día tomamos el camino de Alange, para luego coger el camino del
Manzo, era pasar por grandes sembrados de viñedos y olivares.
En el Morgaños vimos una almazara,
molino en un lugar que me parecido de películas, para llegar a la viña de mi
padre había que pasar un Baden para cruzar el arroyo del Manzo.
La viña de mi padre estaba en un pedregal, llamada por los arrendatarios
esta parte las "Retama” donde podías ver una cepa crecer con buenos
racimos entre dos rocas, parecía que no hubiera tierras, que los diminutos
olivos carrasqueños nacieran y crecieran encima de las piedras.
Era una fanega de tierra compartida entre olivos y cepas.
Desde el lugar se divisaba n las sierras, y la soledad del labrador,
queriendo hacer prosperar unas tierras donde las piedras hacían difícil
arar y hacer prospera una cosecha.
Era la única tierra en propiedad y sustentos para el invierno, las aceitunas
eran llevadas al molino de Don Arturo en la carretera Sevilla, y cambiadas por
aceite, otras en él molino del Marquesito, en la parte conocida por el Morgaño.
Era un oro líquido, que cuando se rociaba encima del pan y se le añadía azúcar
se convertía en el manjar que se quedaba en los sentidos para siempre.
Las tostadas aquellas comidas también tostadas con las ascuas del carbón,
bien refregada con ajos y el aceite bien caliente, con más ajos y pimiento
colorados y sal sobre ella.
El Manzo, era la parte del campo donde todos los jornaleros tenia tierras arrendadas.
Estaban alejado del pueblo, en su trayecto la única compañía eran el canto de
las chicharas, refugiadas en las ramas de los olivos del calor asfixiante.
El aullido de algún perro sedienta,
en la lejanía el roznar de burro.
Era un terreno monótono donde mirabas al cielo para ver diferencia y distracción
sobre aquel cielo tan azul, tostado por el calor del sol.
En el trayecto era afición de los mayores ir contando historia cuando el
terreno estaba dominado por otros pobladores,
Y como defenderse de algún altercado sacando una enorme hacha que llevaba en
buen resguardo, entre la albarda y las aguaderas.
Cuando se pasaba por el regacho cuyas orillas estaban llenas de Peros Enanos,
arbolitos pequeños asilvestrados, que crecían libremente en las márgenes de los
arroyos, que además de estar buenos era una golosina en el pesado camino, mi
padre ni se paraban y sin bajar del asno, llenaba los jaques de la aguaderas,
de la fruta que durante el camino íbamos comiendo.
Al ser el camino, largo y el hartón de peros muchos, pronto empezaba los
dolores de tripa, buscando un olivo o cepa para soltar lo que nos producían las
dolencias.
Luego listo, para seguir el camino,
ilusionados por llegar hasta una barranca, donde había una gran oquedad,
llamada lobera, contaban que había servido para refugio de las alimañas y para
pastores cuando se intensificaba la lluvia
En una de las partes había sembrados de almendras que habían sido
recolectadas y nos pusimos a coger las que habían quedado en el suelo, partiendo
con piedras y comíamos con pan, y risas.
El camino, aunque monótono, buscaban atractivos para que el ir a las viñas
lejos, quedara en los recuerdos de la infancia junto a los seres que compartíamos
un momento en nuestras vidas.
ISABEL COORNADO ZAMORA
lunes, junio 26, 2023
LA PRIMAVERA ESTA AQUÍ
DiCIENDO A DIOS ESTA NOCHE Y TENDIENDOLE LA MANO AL VERANO, QUE CON SU ESTOLA VA ARRASTRANDO EL CALOR NECESARIO PARA HACER MADURAR LA FRUTA.
ESTA NOCHE EL VERANO A DESPERTADO Y DESPEDIDO A LA PRIMAVERA.
VIENE DECIDIDO A DAR LO QUE TODOS ESPERAMOS, CALOR Y A VECES BRISAS SUAVES EN NOCHES CALUROSAS EN LAS QUE EL SUEÑO SE DESVELA Y DA PASO AL INSOMNIO.
EL VERANO SIEMPRE LLEGA SILENCIOSO Y MÁS CUANDO LA PRIMAVERA LE QUITA PROTAGONISMO, PROVOCANDO CALORES QUE NO SON PROPIAS DE ELLA,, DESEOSA DE DISFRUTAR DEL BUEN TIEMPO.
PRIMAVERA PROVOCADORA, QUE SOPLAS CALORES, DESEOSA DE ALEJAR AL VERANO Y QUEDARSE UN POQUITO MÁS.
INTENTANDO ENGAÑAR AL SOSTICIO QUE LA DESPIDE.
UNA ESTACIÓN DONDE LAS CALLES SE LLENAN DE BULLICIOS Y COLOR, EL VERANO ES ALEGRIA Gallego Y TOMAR EL FRESCO EN LAS NOCHES CALUROSAS DONDE SE BUSCAN PARQUES FRESCOS Y BAÑOS
Que TIMI GUEN CALORES
Isabel Coronado
LOS MELONEROS Y SU VENTA ANTAÑO EN ALMENDRALEJO
Cuando se pasa por la plaza del mercado, es como silbaran los recuerdos de una niñez lejana.
Como traer al presente sobre el teclado a un borriquillo llegando a su explanada.
Sus pasos eran lentos cansados soportando una carga mayor que la que sus débiles patas y lomo podían soportar.
Sobre el tenía un serón lleno
de sandias y melones recién cortados con olor aun amata y atierra pegada sobre
el pezón del fruto.
Los burros se ponían en fila
alrededor del cerramiento de la plaza, mientras su dueño iba vaciando su mercancía y llevándola
al puesto asignado en aquella enorme explanada, sin ninguna sombra sobre los hombros
del melonero, con la sombra de su sombrero.
Una vez puesta la mercancía en
el cemento, el melonero ataba su borriquillo, el pobre animal pidiendo que la
venta se hiciera pronto, veía como llegaban los compradores, iban paseándose de
una punta a otra viendo la mercancía, hasta llegar a la pieza más grande y mas barata,
pues no se vendía por peso sino por pieza, de varios kilos.
Al burrito se le ponía un
morral que era un saquito sujetado con una correa de las orejas del animal, en
su interior tenia cebada con paja, que el pobre iba rumiando y
dejando pasar la mañana.
El mercado en aquellos años
solo funcionaba por la mañana, su venta era lo que cada vendedor quisiera
aguantar y lo pronto que acudieran compradores y (Peceros que era como se
le decía a la clientela habitual.
La explanada se llenaba de melones y vendedores, de este producto, por si fuera poco se presentaban camiones de otros lugares con mercancías, que ponían en la explanada más barata, que vendía rápidamente.
Los del pueblo tenían que ver como vendian la mercancía y la suya estaba parada sin moverse.
Teniendo que volver a
cargar los melones en el serón sobre el lomo del borriquito, que tenía que
pacientemente aguantar el peso, pausadamente volver a casa detrás del dueño
que caminaba a su lado para no echarle al animal más peso.
Y vuelta a empezar descargar la
mercancía que se iba colocando a lo largo del pasillo, de la casa y esperando
que algún vecino vinera a comprar melones .
Y por la tarde volver al
melonar a cortar melones y sandias y cargarlas hasta el pueblo y la casa.
Además, se tenia que roar el
melonar, pues la tierra con el calor se abría y estas grietas hacían que el
aire y el sol secase la tierra de secano, pues los melones no eran regados como
no lloviera.
Haciendo pie de matas cuidando
y mimando la tierra pues del trabajo dependía su dulzor y savor.
ISABEL CORONADO



