CUENTO PEPOTE
El gato Pepote, aquel día como todos estaba sobre la ventana, viendo pasar el ir y venir al personal.
Cuando vio en el tejado superior una hermosa gatita de angora, toda ella de pelo suave y meciendo la cola se asomo al extremo del tejado, vio a Pepote que dormitaba, sin ganas de hacer nada solo dormitar.
Viendo volar a las golondrinas que revoloteaban sin cesar, queriendo devorar todo insecto que pasara en su proximidad.
Y vio una suculenta libélula revolotear al rededor de Pepote, se lanzo a capturar y engullir.
Pero tuvo un error, pensó que que el gato dormía no percibió a la gata peluda que paseaba por la cornisa del tejado.
Y cuando iba rápido a la caza, se encontró un empecimiento, las garras de la gatita peluda que se estrello sobre su cara haciéndole perder el vuelo.
Aquella mañanas como siempre la calle se llenaba de color de ir y venir, apenas nadie se percataba de las aventuras de los felinos y la golondrina.
El pajarillo al quererse caza la libélula, la zarpa de la gatita peluda la había quedado mal trecha a los pies de Pepote, que con su patita la movía sin cesar sorprendido y temeroso al verla revolotear queriendo recuperar el vuelo.
Pepote empezó a empujarla hacia su guarida, era un regalo tan suave sus plumas para regalar a la dueña de la casa.
Pobre golondrina, que mal fin pensaba que iba a tener, pronto el gato empezó a tener sueño pero sin despistarse del pajarillo, que cuando intentaba iniciar el vuelo era serenado por la garra de Pepote,
Había pasado un tiempo, el pajarillo temía por su nido que estaba en el árbol debajo del balcón y que había dejado para buscar alimentos para sus polluelos,
De pronto la puerta se abrió, apareciendo la dueña de la casa y vio el regalo de Pepote que le tenia, pero la golondrina, pronto descubrió, que aquella humana era interprete de vocablo animal.
Empezó hablar con la golondrina que le comentaba que sus problemas que eran tantos.
Como era su nido y polluelos que la esperaban con peligros de que niños lo derribaran.
La interprete la tomo suavemente, le vio su alita que escayolo, luego la puso en una mullida camita salió al balcón y llamo a otras golondrinas para que mientras estuvieran la madre de los polluelos, solos los cuidaras ella a cambio pondría miguitas de pan en el balcón.
Quedo a Pepote encargado de cuidar a la golondrina, cosa qué hacia en extremo, hasta que se puso bien la golondrina, fue el momento de construirle un nido nuevo de madera quesería la nueva casa de la golondrina y sus polluelos que estaban siendo atendidos por sus amigas.
El nuevo hogar de las golondrinas lo pusieron en el Árbol y las demás golondrinas llevaron a los polluelos al nido con su mama y todo quedo feliz y contentos de estar juntos y felices de recuperarse y reunirse en amor y compañía.
Isabel Coronado Zamora

