Mi pequeña historia de Almendralejo

jueves, febrero 06, 2014





ANTONIO Y VITORIANA

Siempre los recordare como uno de  los seres mejores que tuve a mi lado, maravilla de personas que me dieron tan grata infancia. 
Era Antonio y Vitoriana dos seres tan enamorados uno del otro que se miraban cada mañana en la misma mirada.
 Años de muchas necesidades  pero la felicidad llenaba todo, .
Decidieron casarse recuerdos, en blanco y negro: los preparativos, el hacer el ajuar, el criar el borrego para la boda, un enorme carnero de hermoso cuernos retorcidos, que alimentaban con esmero, pobre animal de largos mechones de lana.
El pelorio, fue divertido realizado en un corral lleno de otros animales, que había que sortear, la boda  y sus vidas que empezaba.
 Se fueron a vivir con caseros, una gran casa donde en cada habitación vivía una familia y la cocina para todos.
Que amor tan grande se tenían . Fueron con sus afanes prosperando, haciéndose de una vida mejor viendo con los suyos alcanzando sus logros.

Que buenos bailarines eran daba gusto verlos bailar paso-dobles .
Querido Antonio, que bueno eras que sana fe reinaba en tu alma, como querías a los tuyos.

Tuvo varios oficios siendo el repartido de pan donde se jubilara, cada día temprano con su carrito, tirado por la mula, que el mismo alimentaba, llegaba a casa para no tener que levantarse, la hermana tan temprano,  a la puerta  le ponía, una silla. En aquella casa apenas se usaba la llave, para cerrarla, el la empujaba y la silla chillaba lamentándose, quejándose, haciendo su recorrido. 
Èl con grandes zancadas hacia todos los día el mismo recorrido, dejaba el pan en la camilla y una gran caja de empanadilla, como regalo para las sobrinas y colines largos . El importe una veces lo tomaba y otro lo que le parecía.
Que generoso fue tan grande voluntad.
Siempre estará con nosotros caminara pisando nuestros pasos.
Isabel Coronado

martes, febrero 04, 2014

                                           


UN TREN CAMINO DE LA EMIGRACIÓN --AÑOS SESENTA PASADO SIGLO  ALMENDRALEJO

Aquella mañana nos despertamos pronto, todos los de la casa nos pusimos rápido a asearnos detrás uno de potro fuimos echando agua en la jofaina, nos lavamos y secamos con toalla, vimos a mi tío como hacia lo mismos.
La maleta de madera estaba lista, pegada en la pared, esperando, sobre ella un envoltorio de periódico, atado con cuerdas en su interior estaba la comida para el viaje.

La mañana, ni era esplendida, ni radiante ni nublada, de todo un poco pues estaba envuelta por la tristeza de la partida de un ser querido a lo des conocido.
 Muy lentamente nos fuimos hacia la puerta, de la casa,  emprendimos el camino hacia la estación. Caía una suave niebla fría sobre nosotros. En suelo,  el barro se había echo dueño de nuestras pisadas que se iban embarrando y costando guardar equilibrio.

De pronto a la vuelta de una esquina nos encontramos con otros compañeros que también partían hacia ese punto, donde se espera encontrar tan solo esperanza.

Los niños  pegados al tito que triste daba pasos largos, temiendo que el tren de la esperanza se marchara sin él.

Al doblar la curva de la carretera, divisamos la estación, dejamos detrás de nosotros la plaza de toros que dormitaba de tardes gloriosa.
Por el borde de la carretera  íbamos y un carro de yunta nos alcanzo con su pesada carga de estiércol, para abonar la tierra, saludo y prosiguió, cantando mientras con una vara fina de oliva, tocaba el lomo de la bestia.

La estación estaba desierta, la ventanilla acababan de abrir, el olor era una mesclar de suciedad, carbonilla, heces y sudor.
Saco el tito la carterita, reatada, con su poquito dinero pago el billete hasta Mérida, donde había que hacer trasbordo.
 Salimos al anden, hacia tanto frió que las caras se congelaban, haciendo nos arrimar unos con otros . La hermana lloraba, pedía un milagro para que su marcha no se hiciera, donde iba este crió que desamparo.

El padre paseaba, lentamente, quería decir tantas cosas, no salia ninguna. Cuando se diviso la maquina del tren la bruma la hacia como un espejismo acercarse mientras gruñía, se quejaba chillando con su silbato, iba frenando hasta llegar al deposito de agua donde tomo el liquido necesario para que el vapor tomara fuerza para volver a poner la  en marcha.
Los que marchaban se montaron con sus maletitas de maderas o  a cuadros, se asomaron por la ventanilla, una vez colocado el equipaje en las baldas, tomaron su asiento asomados a la ventanilla con caras de niños temerosos, se despedían mientras la locomotora tomaba resoplidos.
 El jefe de estación con su banderita roja daba la señal de partida. La maquina pesadamente empezaba a tirar de los vagones, se ponía en marcha tomando velocidad se alejaba hacia  la emigración.

Isabel Coronado

lunes, febrero 03, 2014


CIGÜEÑA EN LA ANTIGUA CHIMENEA DE BODEGAS MONTERO


SAN BLAS

DÍA DEL CHORIZO EN ALMENDRALEJO, TRES DE FEBRERO

Por San Blas Cigüeñas vera.

A si se decía todos los años cuando se iba acercando la fiesta del chorizo, tardes ventosas casi siempre pasadas por agua, frías, pero con un claro había bastante para ir a la "era".
 Con la cestina de mimbre roja, característica de la zona a comer la "Merendilla".
En la cestita, iba, chorizo de la matanza, salchichón, huevo cocido, que al comer lo te "enguñabas" (atragantabas).
Todos los niños o una gran mayoría portando la cestita que te habian regalado la madrina, abuela  o madre..
 Se adoraba este día no había colegio por la tarde, toda la mañana, planeando los niños de la calle y contornos como lo íbamos a pasar, acompañados de madres, los padres estaban trabajando en el campo y eran pocos,  abuelos y todos en (bandada) cada uno con su grupo de la parte de la calle que vivía. Se iba alas distintas eras del Almendralejo, utilizadas para esta fiesta .
Una vez allí, se buscaba,  aprovechando un poquito de barranca para refugiarnos del frió, se abría la cestina, con los manjares.
 En una mano un trozo de chorizo o salchichón, en la otra un buen trozo de pan blanco de corteza morena, mientras, comías jugabas a saltar la soga, con el balón, a corre pero sin soltar la comida, mientras las  madres no dejaban de llamar a los crios, que no hacían  caso.
Una de las "Eras" que la barriada de San José tenia por costumbre era la existente, hoy todo el instituto Carolina Coronado, donde el instituto Santiago Apóstol, entonces llamado "Laboral", tenia como cerramiento un seto. que por la tarde daba el sol y a su refugio se colocaba toda la "cuadrilla.
Fue en Almendralejo, El día del Chorizo, una fiesta querida y divertida, forma que se buscaba de degustar la chacina de cada casa, para compartir con a  acompañantes, aun fresca, pero que rica estaba.
Su finalidad, degustar y dar  a los mas cercanos un poco de su matanza. Fiesta hoy totalmente desaparecida,  los colegios la mantienen viva y es de agradecer, pues tanto las "CANDELAS COMO EL DÍA DEL CHORIZO ESTÁN CON NOSOTROS POR LOS COLEGIOS Y VECINOS
PERSISTENTE".

ISABEL CORONADO