miércoles, julio 15, 2015
HUERTO EN LA VEREDA DE USERO ALMENDRALEJO 1955
Cuando esta fotografía se realizo el lugar era un vergel, estaba en la vereda de Usero en Almendralejo.
No había caminante que no parara a contemplar tal huerto también cultivado, llamdo el Edén, las variedades de arboles se agolpaban sobre los senderos.
El agua era tan abundante que manaban de los pozos que en el lugar hubo, que estaban hay desde siglos.
Sus agua eran tan abundante que daba para regar una cosecha copiosa de hortalizas mientras oías pasar el re-gacho Zancho que lo cruzaba.
Los pozos contaba Jose Coronado estaban en este lugar cuando ellos tomaron el huerto eran de origen árabe, el agua se sacaba con un palo largo llamado de cigüeña, donde al final iba el cubo y el liquido se vertía en un pilara por donde iba siendo guiada por los surcos, regando con la destreza de José y su hermano Dioniso al abrir los canales y cerrar para ir conduciendo el agua.
En este huerto de origen muy antiguo hoy nada queda, solo piedras sueltas de las casitas de adobe que hizo la abuela Isabel la Nena, diestra en todo y en no ver nada imposible, espejo donde todos nos miramos y luchamos a diario.
ISABEL CORONADO
HUERTO EN LA VEREDA USERO
La inmensidad de los lugares diversos, sin quitar visiones que dan vueltas en tu ser, sintiendo los planes que tu vista divisa en lo navegado, por el ser bello que guardas en un interior olvidado.
Arrancando, perdido, volviendo, sin soledad repleta de arboles tapando el monte tan bello, enorme quemando los seres que se vuelven niños que regalan, quitando a veces sentidos perdidos.
Dejando de ser lo que tu quisiste, pensamientos perdidos, arrancando los paso que navegan sin rumbo, poner pies en arenas movedizas sobre playa de conchas olvidadas.
Música con acordes que nunca se olvidan, horizonte de lineas perdidas de pensamientos montados en barcos, navegando en luchas por mares en soledad, repletos de olas que vienen y van venciendo al cosario que ansia las simas bellezas, mecidas por el arte que te arropa, llevándote a esa colina donde un día partiste.
Eres el que me despidió y encontré en aquel sendero de zarzas colmados de romero sobre la loma de una sierra, sus collados eran tan elevados que carecían de gravedad.
Viendo senderos perdidos, pisadas olvidadas, que se hacían presentes y se pegaban a las nuestras, queriendo ser participes de los caminantes que sedientos fueron al hilo de agua que se filtraba por la peñas, mojando el tomillo, haciéndonos saborear el agua mas sabrosas y perfumada que el caminante paladeo.
La cueva que surgió, el habitáculo que se lleno de nuestra luz, que era la emoción de descubrir algo perdido y olvidado,. Águilas avispadas, mullidas por el viento, molestas por visitas inesperadas, .
Isablel Coronado
LA INMENSIDAD ERES TU
La inmensidad de los lugares diversos, sin quitar visiones que dan vueltas en tu ser, sintiendo los planes que tu vista divisa en lo navegado, por el ser bello que guardas en un interior olvidado.
Arrancando, perdido, volviendo, sin soledad repleta de arboles tapando el monte tan bello, enorme quemando los seres que se vuelven niños que regalan, quitando a veces sentidos perdidos.
Dejando de ser lo que tu quisiste, pensamientos perdidos, arrancando los paso que navegan sin rumbo, poner pies en arenas movedizas sobre playa de conchas olvidadas.
Música con acordes que nunca se olvidan, horizonte de lineas perdidas de pensamientos montados en barcos, navegando en luchas por mares en soledad, repletos de olas que vienen y van venciendo al cosario que ansia las simas bellezas, mecidas por el arte que te arropa, llevándote a esa colina donde un día partiste.
Eres el que me despidió y encontré en aquel sendero de zarzas colmados de romero sobre la loma de una sierra, sus collados eran tan elevados que carecían de gravedad.
Viendo senderos perdidos, pisadas olvidadas, que se hacían presentes y se pegaban a las nuestras, queriendo ser participes de los caminantes que sedientos fueron al hilo de agua que se filtraba por la peñas, mojando el tomillo, haciéndonos saborear el agua mas sabrosas y perfumada que el caminante paladeo.
La cueva que surgió, el habitáculo que se lleno de nuestra luz, que era la emoción de descubrir algo perdido y olvidado,. Águilas avispadas, mullidas por el viento, molestas por visitas inesperadas, .
Isablel Coronado
ALMENDRALEJO A LO LEJOS
El camino que tomamos era curvo, sinuoso, lo empezamos a las afueras del pueblo, pronto la noche nos fue tapando con su oscuridad.
Las estrellas brillaban, palpitaban tan intensamente que parecían que se fueran a descolgar y ponerse delante de nosotros.
La orilla del camino terminaba en una cuneta empinada que nos hacia perder el equilibrio y agarrar nos uno con otros fuertemente.
La noche era inmensa, la luna se había marchado, el firmamento era como una caja de bambonees envueltas en papel brillante.
Que lujo estar mirando tantos palpito, que se hacia notar con sus destellos. Mi mano agarrada al del acompañante, se sentía suave, protegida por el calor que despedía.
El camino choco de pronto con una construcción tan cuadrada, que parecía un dado, la noche daba para imaginar, pronto sentimos miedo al aproximarnos, cuando sus arboles empezaron abatir sus ramas y las hojas a tocar palmas una con otras.
El cerramiento del jardín estaba semis derrumbado, un gato esbelto guardaba la baya, sus ojos brillaban, los aullidos daban señal de no estar dispuesto a dejarnos pernotar, tan poco nosotros queríamos el lugar, sus ventanas parecían estar ocupadas por seres pendiente de los que pudieran entrar.
Que lugar, olía a miedo, cuando ese olor se siente es mejor alejarse, calzar los zapatos, prestos para retomar el camino, sin mirar hacia a tras.
A si se hubiera echo, cuando aparecido tanta sed, que nos hizo divisar una fuente donde el agua manaba sin cesar, un liquido claro ruidoso, listo para degustar.
Saltamos, uno de los que iban por agua, cuando estaba con la cantimplora debajo del chorro, una mano salio de las entrañas de la fuente y tomo el recipiente, con tanta fuerza que el dueño salio despedido, el susto lo paralizo al escuchar una voz que decía "ESTE AGUA ES MÍA".
La mano terminaba en un brazo y este en un cuerpo, tan fuerte que no se divisaba el fin del tronco, que estaba sujetados por piernas fornidas y potentes, portador del cuerpo de un gigante, que no tenia cara, pues todo el era una cabeza, en forma de un dado, de colores, que luchaba por salir del cuadrado, que encerraba una cara, que luchaba por que todo el volviera a su normalidad.
El fantasma salio y empezó acorre tan rápido, que de un salto se puso delante de los que huían, el agua que salia rápida, iba al encuentro inmerso que retomaba la corriente que se lanzaba sobre nosotros queriendo, con su lengua a sorbernos para retomar energia.
Empezamos a correr, la lengua de agua mas corría, e iba regando la tierra por donde pasaba y brotando a su paso, tantos espinos, que pronto se despegaron de la tierra y salieron detrás de los intrusos, lanzando sus púas, obligando a protegernos con las mantas, que empezaron a liarse nos, con nosotros.
Envueltos en ella, empezamos a elevarnos, subir al encuentro de las estrellas, que montábamos y nos portaban sobre sus puntas y empezamos a girar por el firmamento, a ver los destellos de los astros.
Era todo tan bello en el firmamento, hasta que apareció, la osa mayor y nos enfrento con al osa menor, que no quería extraños en su firmamento.
Aparecieron estelas, aleccionando, con severidad, nos lazaron, hacia las nubes, que agarramos, nublados negros para estar con sus amiga y poder narrar y hablar de tan vello viaje.
ISABEL CORONADO
lunes, julio 13, 2015
LA MUERTE DE JOSÉ GIL RUIZ
LA MUERTE DE JOSÉ GIL RUIZ EN EL POZO AIRON DE ALMENDRALEJO
Bajo el amanecer de un día pardo y velado, de
aire cargado y sucio, estancado desde hacía tiempo en las pliegues de la
campiña almendralejense; el “Toruro” se presentó en el taller de José, y
sacando de uno de los bolsillos de su raída chambra un pedazo de papel de
estraza arrugado y manchado, se lo puso al alcance para que éste lo cogiera.
-
Ahí tienes, José, este recado es para ti.- Le dijo con sonrisa maliciosa.-
¿Quién te ha dado esto, Toruro?.- Preguntó serio.-
Yo no conozco a quien me lo
entregó.- Mintió.- ¿Hombre o mujer?.
- Quería sonsacar.- ¡!Ah¡¡ Eso tendrás tú
que averiguarlo.-
Y con un ademán exagerado, lo saludó y se fue.
Al quedarse
solo, volvió a leer la nota. “A las dos y media en el pozo Airón, no faltes” .
Corría el año de 1920 y también lo hacía José Gil; agraciado, altivo y vividor.
Pero alguien buscaba escarmiento. La letra le resultaba conocida y de mujer.
Era el reclamo. A María Sierra González, después de cuatro años de aguardar la
venganza, le había llegado el momento de ejecutarla.
La mañana y la tarde
transcurrieron lentas. Trató de aligerar el tiempo de la noche y se recorrió
todas las tabernas.
Entre vapores de alcohol y perfumes imaginarios, le
afinaron los bronces la hora esperada.
Las dos y treinta. Quietud. Callada de
muertos.
El rebuzno de un macho la rompió. Un insignificante roedor agonizaba
en las garras de la coruja que cruzó un cielo sin luna ni estrellas.
Oscuridad.
El pozo Airón, ante su vista se presentó solitario.
Nadie. Inhóspito. Frío.
Sacó su reloj del bolsillo del chaleco. Era la hora.
Buscó la petaca. Lió un
cigarrillo y lo encendió. Y solamente el pequeño resplandor de la brasa, fue
suficiente para darse cuenta de las dos sombras, que de repente salieron de
detrás del brocal.
Eran la de Ángel Sierra de la Iglesia y la de José Canseco
Pardos.
Ni siquiera tuvo tiempo a reaccionar; no le dieron la opción a
defenderse.
Treinta y siete veces le clavaron las navajas y todos los navajazos
fueron mortales.
Pero la venganza aún no se había consumado.
Con el sadismo de
los poseídos le cortaron el sexo y con risas reprimidas para no ser
descubiertos, se lo metieron en la boca.
Huyeron. Se abrió el cielo, y entre
dos bardas denegridas, el rayo de una luna inexistente, iluminó el cuerpo
muerto de José.
Se acabó su vida entre los jaramagos y el excremento mular que
se descomponía en los regueros resecos de las tormentas de otros días.
Mientras; su cadáver desangrado clamaba impotente las justicias terrenales y
divinas que no tardarían en llegar.
Sus asesinos, inspiradora y compinche, más
pronto que tarde, fueron apresados por la guardia civil y todo el peso de la
Ley cayó sobre ellos.
Y así quedó resuelto el que fuera por su crueldad, el más
famoso crimen del inicio de una década parda y gris, a la vez que desenfrenada
y luminosa.
ISABEL CORONADO
ISABEL CORONADO
EL CRIMEN DE ALMENDRALEJO
JOSÉ GIL Rülz Que fué asesinado y horriblemente mutilado, el 17 de Septiembre de 1920, en el sitio conocido por Pozo Airón.
JOSÉ CANSECO SANTIAGO
Autor, con Ángel Sierra, del asesinato
de José Gil Ruiz, perpetrado en la noche
del 17 de Septiembre
ÁNGEL SIERRA DE LA IGLESIA.
Autor, con José Canseco, del asesinato
de José Gil fiuiz, perpetrado en la noche
del 17 de Septiembre.
MARÍA SIERRA GONZÁLEZ
Hija del procesado Ángel Sierra, complicada
en el asesinato cometido por su padre y por José Canseco.
D. LORENZO CABALLER0
Juez de Almendralejo, que instruyó el
sumario y descubrió el crimen, arrancando
la confesión al procesado José
Canseco.
D. FEDERICO LAFUENTE
Teniente fiscal de la Audiencia de Badajoz,
que intervino en el sumario,
contribuyendo al descubrimiento del
crimen
D. GUILLERMO O. ROMERO
DE TEJADA
Abogado, que ha substituido á su compañero,
Sr. Cardaji, actuando en el
sumario.
D. FRANCISCO OREJAS ADAME
Jefe de la Cárcel de Almendralejo, que
sorprendiendo la correspondencia de
José Canseco facilitó el descubrimienTO
ROMANCE SOBRE EL CRIMEN PERPETRADO
EN ALMENDRALEJO POR LOS AÑOS 1920 Y 0 1930
EL CRIMEN DE ALMENDRALEJO
Primera Parte
¡Oh Virgen de la piedad!
te suplico protección
para esplicar (sic) el suceso
que en Almendralejo ocurrió.
En dicho pueblo habitaba
una viuda con seis hijos
que por la gente del pueblo
todos eran muy queridos.
El más pequeño de ellos
veintisiete años contaba
y el oficio que tenía
era tallador de banca.
Estando un día tallando
a las seis de la mañana
se le presentó "Toruro"
y le ha entregado una carta.
José Gil se levantó,
que así el mozo se llamaba,
cinco pesetas le dio
por saber de qué trataba.
En la carta le decía
que era una cita de amor,
a eso de las dos y media
le espera en el pozo Airón.
En lo que acobija (sic) el mundo
no se ha visto ni se ve
otro crimen como este
de dos hombres y una mujer.
SEGUNDA PARTE
Han sido los criminales
estos que voy a nombrar:
Ángel Sierra de la Iglesia
y José Canseco Pardal.
María Sierra González.
autora de todo el drama
que hacía cuatro años
que buscaba la venganza.
Por fin lograron su intento
escribiendo una carta,
el papel quería volar
y los tinteros brotaban.
Al saberse la noticia
en aquel pueblo tranquilo
los vecinos aclamaban:
¡que mueran los asesinos!
¡Qué orrible (sic) cuadro era aquel!
que José Gil presentaba,
los médicos le contaron
treinta y siete puñaladas.
Sus miembros se los cortaron
y en el pantalón los prenden,
y sacándole la lengua
le traspasaron las sienes.
Con un punzón que llevaban
los malvados criminales
le cortaban las muñecas
y él aclamaba a su madre.
Después de acabar el crimen
el Sierra se marchó a casa,
José Canseco se fue
a por madera a Solana.
Pensando que con aquello
él su delito ocultaba,
pero Dios que todo lo puede,
una sorpresa le aguarda.
La Guardia Civil escondida
tras de un poste le esperaba
y cogiendo al criminal
a la cárcel lo llevaban.
FIN
(Cuatro páginas en cuarta. En la primera hay un dibujo de San José con el Niño y los títulos de dos romances: "Horrible tragedia ocurrida en el pueblo de Osa de Montiel (Albacete). Original de J. Tom" y "Horrible crimen en Almendralejo provincia de Badajoz". El crimen de Almendralejo aparece escrito en la cuarta página. Se localizó en Herrera del Duque).
ROMANCE SOBRE EL CRIMEN PERPETRADO
EN ALMENDRALEJO POR LOS AÑOS 1920 Y 0 1930
EL CRIMEN DE ALMENDRALEJO
Primera Parte
¡Oh Virgen de la piedad!
te suplico protección
para esplicar (sic) el suceso
que en Almendralejo ocurrió.
En dicho pueblo habitaba
una viuda con seis hijos
que por la gente del pueblo
todos eran muy queridos.
El más pequeño de ellos
veintisiete años contaba
y el oficio que tenía
era tallador de banca.
Estando un día tallando
a las seis de la mañana
se le presentó "Toruro"
y le ha entregado una carta.
José Gil se levantó,
que así el mozo se llamaba,
cinco pesetas le dio
por saber de qué trataba.
En la carta le decía
que era una cita de amor,
a eso de las dos y media
le espera en el pozo Airón.
En lo que acobija (sic) el mundo
no se ha visto ni se ve
otro crimen como este
de dos hombres y una mujer.
SEGUNDA PARTE
Han sido los criminales
estos que voy a nombrar:
Ángel Sierra de la Iglesia
y José Canseco Pardal.
María Sierra González.
autora de todo el drama
que hacía cuatro años
que buscaba la venganza.
Por fin lograron su intento
escribiendo una carta,
el papel quería volar
y los tinteros brotaban.
Al saberse la noticia
en aquel pueblo tranquilo
los vecinos aclamaban:
¡que mueran los asesinos!
¡Qué orrible (sic) cuadro era aquel!
que José Gil presentaba,
los médicos le contaron
treinta y siete puñaladas.
Sus miembros se los cortaron
y en el pantalón los prenden,
y sacándole la lengua
le traspasaron las sienes.
Con un punzón que llevaban
los malvados criminales
le cortaban las muñecas
y él aclamaba a su madre.
Después de acabar el crimen
el Sierra se marchó a casa,
José Canseco se fue
a por madera a Solana.
Pensando que con aquello
él su delito ocultaba,
pero Dios que todo lo puede,
una sorpresa le aguarda.
La Guardia Civil escondida
tras de un poste le esperaba
y cogiendo al criminal
a la cárcel lo llevaban.
FIN
(Cuatro páginas en cuarta. En la primera hay un dibujo de San José con el Niño y los títulos de dos romances: "Horrible tragedia ocurrida en el pueblo de Osa de Montiel (Albacete). Original de J. Tom" y "Horrible crimen en Almendralejo provincia de Badajoz". El crimen de Almendralejo aparece escrito en la cuarta página. Se localizó en Herrera del Duque).




