Mi pequeña historia de Almendralejo

sábado, enero 09, 2016


MI TIERRA MI NACER MI PENSAMIENTO



                           Un tiempo anciano, donde la necesidad es la dureza de un terrón que embarga el camino sobre el miedo y deseo de la tierra, de una libertad guardada, don de  los libros se sienten sin duda ni experiencias que marquen la libertad.

No creer en los ancianos, que dejaron una huella sobre las ansias de un gobierno que diera libertad, hacia  la paciencia y no el insulto personal que viven queriendo la verdad.

La paz, en la plaza del pueblo, reunión de estar queriendo soltar opiniones, sin ataduras, llevando la palabra al firmamento y quedar la escrita en cada pisada de la plaza donde quedo tapada.

Miedo de no tener un punto de garra, sobre las iras almacenadas debajo de la cal que encala las conciencias de todos los que se sienten por encima de los que pueblan la plaza.

Abra un día en que mirar sobre las llanuras de nuestra tierra , nos deje  ver campos de colinas  que cantaron y quisieron formar autonomías perdidas, en que los deseos perdidos de luchadores, de un campo llenos de mises jóvenes, cultivos que se espanten por los sembrados mecidos por el viento, de las corrientes liberales, que pueblan ideas torcidas por conveniencias que la vista tuerza hacia caminos, cotados por revueltos arroyos que se pierden por cualquier collados.

Las luchas cantadas por bellas canciones, engendradas en el miedo,  que fueron calmadas por la quietud del secano inalterable, alzar y cantar y ver que todo es alterable.

Abra un momento en que mirar sea un cambio, que las hierbas crezcan y las semillas de la verdad sea un retorcido collado, para los que van viendo en la verdad, los que no crecieron sintiendo las pautas de los sentidos por alcanzar cambios que van rodando sobre los llanos.

Porque somos de pensamientos de un hoy.

ISABEL CORONADO

SENTIMIENTO DE TIERRA



La fuente del amor, lugar de mi tristeza, mi regalo mi cielo,  extendida sobre la estirpe, corriente de un arroyo,  sentimiento  que camina por padrones colmados de tierra roja, que se siente en la suela de unas botas áridas,  que caminan hacia los collados donde  divisar un mar de olivos, navegando con sus velas al viento, queriendo llegar y alcanzar el horizonte.

Sembrados donde las semillas alojadas en los granos de la tierra llenas de  sentir, sobre sentimientos pedidos, en una senderos que los labradores de antaño lucharon por conseguir ventajas.

 Amarguras de contiendas, por ver esa realidad que es el estío, que les llevo hacia los lugares de un campo, que se alcanzaba  la vista sobre mesas de tierras extendidas por los senderos de un mar tan extenso, que hiciera falta bergantín.

 Conocer labradores que patean la comarca y a un a si no conocen todo el termino, sembrado de vides y olivares.

Solo el jornalero de antaño conocía el termino y contornos, ávido por buscar la vida como cazador en tiempo de escaseces.
 Tierra que esta llena de historia en cada recodo de camino, risco que extendidos  por las tierras labras, deseos que la mirada del caminante se pare sobre piedras blancas de mármol, maltratadas que un día ornamentaron, bellas estancia, dando forma a busto, que quedaron caídas y mal heridas, convertidas en guijarros.

La música del viento lo llevo con su zurro, con botas ásperas de labrar la tierra, esperando en la piedra del camino, sin ver el pueblo ni el camino que no tiene tiempo ni estación.

Amores que volvieron parando al pie de  arboles al volver la vista infantil, de un verano, cansado de no ver una flor  en aquel lugar apeaderos de amores olvidados en una tierra que fiel al lecho de espera,  mirando, sin saber que mas daba,  sin saber mirar ni oír ni sonrisa.

 lugareños sin camino,  ni barco para navegar, en una tierra sin rió,  dejando de crecer y menguando de  amor a la tierra, que le sonrió y dejo que su cara se ajara, se convirtiera en el zurrón alojo de las botas, que esperan sobre la barranca del camino queriendo ver a lo lejos el pueblo sobre el mapa, de una tierra tan extensa  que la vista se duerme y cansa por alcanzar su horizonte.

Vamos caminando sobre la cuesta donde estamos y al fondo la torre que navega sin rumbo, mecida por las vistas de la bruma.

Que la quietud de aquel eucalipto que esoconde lo que fue y quedo de un lugar olvidado, sediento de aquel desierto de alcornocales .

ISABEL COROANDO

miércoles, enero 06, 2016





UN SENDERO EN TIERRA DE BARROS

Quisiera ser hojas de vides sobre cepas desgreñadas mientras esperan ser podadas de sus sarmientos, llamando  a ser  vista, hace reír a  la mano que la acariciar mientras mira con sus plegarias,  llevar al limite del cielo donde la vista alcanza el anochecer, junto aquel nublado vagabundo que  rodando va en busca de historias, que vuelan por las profundidades de los pensamientos del labrador.

 Que va caminando, viendo el horizonte con  ojos, de navegante, que se fue sin saber el  sentir de  las teclas de un piano, dando un sentido al querer  agarrar  el cariño.

 No podría ver a Dios sin saber donde están las nubes, que se fueron dejando la lluvia que hizo brillar la felicidad sobre el tesoro que dejo sobre los arroyos, de una vida que corrió, buscando las orillas sin sentir el rumbo de la corriente, que apretaba la desesperación que el cielo  con el sol iluminaba.

 Sueños dejados sobre el barranco de la vida, que cuesta abajo se fue, sobre los puntos de vistas que la belleza fue dejando un campo, un mundo y lugar  esplendido.

La belleza se gasto, esperando que el amor, que dio  color a la tierra, haciendo sentir y brillar, el camino, que se  entendía hacia el horizonte llenos de cepas.

Camino hacia un destinos, donde el teclado de las casualidades, va  marcando pausas y uniendo  letras, que se resisten a expresar,  sentimientos, llenos  de sentidos desportillados, que  corriendo van  una detrás de la otra, ansiosas  por alcanzarse y formar la palabra, que da sentido a una escritura, que toma de referencia un valle,  donde el rojo de su tierra hace a los "HABITANTES ACALORADOS, FUERTES DIFERENTES
.
 Prados donde la lluvia hace  brillar el verdor, dejando la vistas en  los collados, donde las colinas parecen caminar, buscando la esquina del camino donde la música de la lluvia,  dejo un sueño encima de la almohada de un pie de olivos, que pudiera alcanzar las montañas y su cima, posándose sobre el prado de su cumbre.

Amores que la tierra da  con la vista: sus sierras extendidas, se pierden para dormitar viendo el vuelo del alcon, que busca la oquedad, para anidar, sintiendo la música del viento, al chocar, con risco.

 Sintiendo la tierra,  bajo los pies, que se esfuerzan por divisar, mientras los pensamientos del la figura, hace cabales al ver el alcornoque centenario, negándose a dejar sus raíces y agarrase en las rocas desgarradas de un monte herido por la erosión, navegando sus ramas, hacia los cielos, que fueron la cuna del águila rapaz.

ISABEL CORONADO