Mi pequeña historia de Almendralejo

miércoles, febrero 18, 2015





LA LLUVIA EN TIERRA DE BARROS---ALMENDRALEJO.


La lluvia es espesas cálida efectiva, calando los hueso y ala vec acariciando el cuerpo es una mano sosegada que recorre  y se resbala por la piel.

La lluvia Cala-bobo, es un chispea continuo, talento que parece imprevisible, cala y mojar tanto que cuando la pervives estas mojado de arriba abajo.

Cuando llueve, fuerte arrastra la tierra formando, barro roja que se ardiere cariños-amente a la suela del calzado permaneciendo en los talones hasta que la sequedad hace que se desprenda.

A la lluvia le gusta corre buscar cunetas perdidas verter y rebosar cauces perdidos y levantar  fieramente, pavimento ocupados  por donde ella  corrió, con ansia quiere hacerlo con la tempestar, enfurecidas invadiendo un torrente que le pertenece  que fue usurpado caudales.

La lluvia  anega surcos que reflejan las cepas sobre el agua estancada a los pies de olivares, que absorben la humedad, embolsando en sus raíces, que administran tan sabroso liquido almacenando en sus entrañas, para saciar de agua cada ramificación de olivos, viñas y sementeras.

El caminar por los caminos bajo una cortina de lluvia, hace que penetre en ti que la sientas, te guste ser invadida por su olor, al pasar  sus brote sobre la tierra legendarias, plagada de fertil tierra empapando  cepa.  Dejándose envolver y querer por los pámpanos.

ISABEL CORONADO

martes, febrero 17, 2015






HERMITA DE BELEN PUEBLA DE SANCHO PEREZ

LUGARES DE ALMENDRALEJO

Sentí el peso del cuerpo, sobre mi espalda dolorida por la caminata sobre el camino alineado de árboles entre sus ramas, entraba luz suficiente para divisar los cercanos  y floridos huertos que dormían sobre una tierra plagada de hortalizas, tan perfectamente alineada, que eran cordeles   sobre la que tendían las matas suculentas.
  Atravesada por líneos de cebollas, que batían su tallos, aireando sus capas, emitiendo sonidos y dando vueltas sobre su mata girando un sin fin de vueltas.
De pronto vi aparecer a la abuela, sobre el lomo  el borrico, con  enormes serones de esparto, rebosante de tomates  que sonrojados, luchaban por salir a la superficie, para tomar aire, eran deliciosos y carnosos, mofletudos, listo para ser degustados en un Cojondongo,  triunfo de una rica hortaliza.
 La abuela subida, en el borrico batiendo el brazo y jaleando al animal perezoso, que roznaba sin cesar, oponiéndose andar con tanto peso.

De `pronto la mano de la abuela le daba un  sobon sobre el cuello, de un salto se ponía en el suelo, flaca figura esbelta por la dureza del trabajo.

Sabia, de temple como el acero torneado por el herrero en la fragua.
 Temerosa de peligros, batiéndose con ellos, despierta para llegar a tiempo al pueblo.
 Quisiera entrar en la dimensión,  introducirme en el ojo palpitante, asomarme a la ventana, desde donde los días se quedaron estáticos.

 Toman, renacer, se mueven y salen al encuentro.

Ser espectadora de lo vivido debe ser  la película  con fin, encontrar los sentidos despiertos y los miembros ágiles, para subir a la montaña, donde alcanzar el horizonte de linea recta que sube al sol para ser atrapada, encontrar la tierra, que se esconde en la piedra, buscando el rastro del manantial que entra en las comisura de la roca, buscando la filtración que le haga buscar el camino que indique que no todos se fueron ni se encontró en el cielo azul del palpito de la vida.

 viajera pasajera, fecundada por pensamientos sin sentidos, encontrados en la palma de tu mano, que se cierra para viajar, sobre las canas de tu pelo, donde se re-cuelgan los sentimientos de una memoria dinámica, viajera, sabiendo que la inteligencia se van con el amor, de todos los que te arrullaron y te elevaron, por viajes pasajeros, que en el mundo se forma y desforma queriendo ser  la vida alcanzada  por todo lo que estuvo en ella.

ISABEL CORONADO