Mi pequeña historia de Almendralejo

domingo, julio 05, 2026


Sol


El sol estaba en lo alto, caminaba mirando el horizonte en aquel padrón redondo que da la vuelta al pueblo.
Los pies pesaban al irse llenando las zapatillas de la tierra de las pisada, las irregularidades del camino, cuestas y barrancas.
 El sol en el horizonte Deslumbrando nos mi  hermana hablando sin cesar palabras tras otras y yo sin poder entrar en vaza, hábito de ser profesora, la que habla siempre en clase dando explicaciones.

Lleva hacer que sea la única que tiene palabras.
Decido, fijarme en los olivos del camino, este Ogaño, traé mucha aceituna, sus ramas están limpias de mangara, brillan como espejos destellantes, animado a los rayos de sol.
Que bonita es mi tierra de barro.
Isabel Coronado Zamora 

 El sol


El sol estaba en lo alto, caminaba mirando el horizonte en aquel padrón redondo que da la vuelta al pueblo.

Los pies pesaban al irse llenando las zapatillas de la tierra de las pisada, las irregularidades del camino, cuestas y barrancas, el sol en el horizonte deslumbrando nos .

Mi hermana hablando sin cesar palabras tras otras y yo sin poder entrar en vaza, hábito de ser profesora, la que habla siempre en clase dando explicaciones.

Lleva hacer que sea la única que tiene palabras.
Decido, fijarme en los olivos del camino, este Ogaño, traé mucha aceituna, sus ramas están limpias de mangara, brillan como espejos destellantes, animado a los rayos de sol.
Que bonita es mi tierra de barro.

Isabel Coronado Zamora 


                                                    Soledades



Le llaman Soledad, el mundo que nunca creí conocer.

A medida que vamos eliminando o borrando el camino de la vida, la Soledad va haciendo el suyo.

Su sendero es vacío, árido, de nada está ocupado, los demás carecen de tiempo para ti.

Soledad de bancos con brazos que nos de amor, besos y un momento de compañía.

La soledad, es sentir tus espaldas frías, ante una puerta con llave, que abre cerradura con silencio, dejándonos, en el centro deshabitado de espacios, que el bullicio de un tiempo fue dejando vacío.

La soledad no nos la enseñan, en las primeras clases de nuestras vidas, luego no tenemos tiempo de sentirla, dándote a pensar que eso no va con tu camino.

 De pronto te das de cara con ella, no la conoces, no has tenido en toda tu vida tiempo de estar con la soledad, hasta que de pronto está, en el espejo del salón y en los rincones que habitas.

Un espacio tan desconocido, gris falto de todo, lo que te hizo sentir persona y amor.

Soledad quién te puso este nombre, vas dando pedradas en tu caminar, buscando donde asentarse.

Isabel Coronado Zamora