Mi pequeña historia de Almendralejo

sábado, julio 11, 2026

 

HISTORIA DE UN PASADO “LAS CHIMENEAS”

 

HISTORIA DE UN PASADO “LAS CHIMENEAS”

 

Cada chimenea que vemos encierran vivencias de etapas pasadas, de un Almendralejo inquieto deseoso de aperturas, progresos, las que han logrado mantenerse, con su historia almacenada en su estructura, testimonio de una industria en la quema y trasformación.

 

Las personas que formaron parte del lugar, con un trabajo duro, soportaron con sacrificios por aportar un sueldo mayor a sus familias.

 Nada queda de aquella alcoholera y chimenea, que estuvo en la carretera Santa Marta, frente las traseras del museo del vino, sus primeros

 dueños fue Sociedad Cueva y franco Alcoholes y bodega.

Esta sociedad se deshace y Franco se queda con la bodega que hacia esquina con calle Ortega Muñoz y Santa Marta.

Alonso Cueva continua con la alcoholera con el nombre de Alonso Cueva e hijos SL.

Industria que iba bien, pero Francisco Cueva Maqueda sufre un accidente en 1973 cuando 51 año y muere.

Continuará, pero será vendida a Alfonso Iglesias Infante, que, durante un tiempo continua, pero es vendida la industria y convertido en el edificio de pisos que hoy vemos.

 Empresas con bastantes trabajadores, a mi memoria viene cuando de niña mi vecina Antonia llegaba a casa y pedía que acompañara a su hija Domin, de edad semejante a la mía a llevarle la comida al padre, a dicha Alcoholera donde trabajaba su marido Juan Cuevas, pariente de los dueños.

Todos los días, íbamos con una cesta de mimbre roja, con las viandas que tocara, para toda la jornada de 12 horas, de día y otras de noche, vigilando la caldera.

Cuando íbamos llegando de la chimenea salía el humo que se perdía en el cielo y el olor de los gases que expulsaba que nunca he olvidado.

 El recuerdo, de nuestra mano pequeña, llamando en la chapa y abrirse la puerta y escuchar la voz de su padre, llamándola, bajando la escalera para ver a su hija y disfrutar el único instante del día, de verla, pues cuando llegaba estaba durmiendo y se levantaba ella él dormía.

Le tomaba la cesta que abultaba más que ella, de la mano, nos subía a arriba a la terraza, al lado la chimenea, que no dejaba de expulsar sin cesar.

Juan se sentaba pegado a la chimenea, indicando que hiciéramos lo mismo, empezaba abrir la fiambrera blanca, herméticamente cerrada con, guiso sabroso, degustando y acariciaba a su hija,

 Trabajos muy duros, olor pegado a su piel, que nunca más se le iba, sus poros absorbían la fetidez que desprendían las calderas.

 En la zona solo había bodegas, la fábrica de hielo y en la esquina de Ortega Muñoz con Carretera Santa Marta el chale de Lorenzo Albares.

 

Otra chimenea “ La Alcoholera Extremeña",  hoy Museo del Vino, me trae el recuerdos del Pedro Zamora, Padre de Conchi, era fogonero, surgiéndome imágenes viéndole  echar las palas de carbón a la chimenea para calentar las calderas, donde saldría el alcohol.

 Trabajaban por turnos lo mismo era de noche que de día.

Más de una vez acompañe a Conchi, con su cesta de mimbre rojo a llevarle la comida.

Trabajo duro, arriesgado, de sacrificios, de día y noche con turno agotadores.

 Otra alcoholera fue la de Zacarías de la Hera donde trabajaba el padre de Age Arrabal, de fogonero, recuerda con amor el sacrificio que, hacia su padre, en las navidades, aun viniendo de la fábrica hartito de trabajar, de una caldera de quemar alcohol, su madre lo entraba en la habitación y le hacía vestirse de rey mago.

Las chimeneas hoy nos contemplan calladas y como compaña a Cigüeñas que anida en su altura

Cada alcoholera tenía su chimenea de diferente altura, donde se quemaban el vino convirtiendo se en alcohol.

 

 La de Montero recordando un pasado glorioso.

 Empresa punteras de Almendralejo, abrió caminos, salida a la producción vitivinícolas en la zona y alternativa.

 Bodegas Montero era conocida en el extranjero, su ginebra, vermú, Ron caballo blanco, mistela o Brandy especial Magalino de gran calidad.

 En 1960 tenía más de treinta empleados, con una flota importante de camiones cisternas para trasportar los caldos, oficinas con un nutrido grupo de Escribientes.

 

Su sirena, potente señalaba la entrada al trabajo, se espacia por todo el pueblo, señalando el comienzo de la jornada y salida, sonido atronador que ha quedado en los sentidos y parece que las oigamos.

ISABEL CORONADO ZAMORA

 

 

 

 

 

Cada chimenea que vemos encierran vivencias de etapas pasadas, de un Almendralejo inquieto deseoso de aperturas, progresos, las que han logrado mantenerse, con su historia almacenada en su estructura, testimonio de una industria en la quema y trasformación.

 

Las personas que formaron parte del lugar, con un trabajo duro, soportaron con sacrificios por aportar un sueldo mayor a sus familias.

 Nada queda de aquella alcoholera y chimenea, que estuvo en la carretera Santa Marta, frente las traseras del museo del vino, sus primeros

 dueños fue Sociedad Cueva y franco Alcoholes y bodega.

Esta sociedad se deshace y Franco se queda con la bodega que hacia esquina con calle Ortega Muñoz y Santa Marta.

Alonso Cueva continua con la alcoholera con el nombre de Alonso Cueva e hijos SL.

Industria que iba bien, pero Francisco Cueva Maqueda sufre un accidente en 1973 cuando 51 año y muere.

Continuará, pero será vendida a Alfonso Iglesias Infante, que, durante un tiempo continua, pero es vendida la industria y convertido en el edificio de pisos que hoy vemos.

 Empresas con bastantes trabajadores, a mi memoria viene cuando de niña mi vecina Antonia llegaba a casa y pedía que acompañara a su hija Domin, de edad semejante a la mía a llevarle la comida al padre, a dicha Alcoholera donde trabajaba su marido Juan Cuevas, pariente de los dueños.

Todos los días, íbamos con una cesta de mimbre roja, con las viandas que tocara, para toda la jornada de 12 horas, de día y otras de noche, vigilando la caldera.

Cuando íbamos llegando de la chimenea salía el humo que se perdía en el cielo y el olor de los gases que expulsaba que nunca he olvidado.

 El recuerdo, de nuestra mano pequeña, llamando en la chapa y abrirse la puerta y escuchar la voz de su padre, llamándola, bajando la escalera para ver a su hija y disfrutar el único instante del día, de verla, pues cuando llegaba estaba durmiendo y se levantaba ella él dormía.

Le tomaba la cesta que abultaba más que ella, de la mano, nos subía a arriba a la terraza, al lado la chimenea, que no dejaba de expulsar sin cesar.

Juan se sentaba pegado a la chimenea, indicando que hiciéramos lo mismo, empezaba abrir la fiambrera blanca, herméticamente cerrada con, guiso sabroso, degustando y acariciaba a su hija,

 Trabajos muy duros, olor pegado a su piel, que nunca más se le iba, sus poros absorbían la fetidez que desprendían las calderas.

 En la zona solo había bodegas, la fábrica de hielo y en la esquina de Ortega Muñoz con Carretera Santa Marta el chale de Lorenzo Albares.

 

Otra chimenea “ La Alcoholera Extremeña",  hoy Museo del Vino, me trae el recuerdos del Pedro Zamora, Padre de Conchi, era fogonero, surgiéndome imágenes viéndole  echar las palas de carbón a la chimenea para calentar las calderas, donde saldría el alcohol.

 Trabajaban por turnos lo mismo era de noche que de día.

Más de una vez acompañe a Conchi, con su cesta de mimbre rojo a llevarle la comida.

Trabajo duro, arriesgado, de sacrificios, de día y noche con turno agotadores.

 Otra alcoholera fue la de Zacarías de la Hera donde trabajaba el padre de Age Arrabal, de fogonero, recuerda con amor el sacrificio que, hacia su padre, en las navidades, aun viniendo de la fábrica hartito de trabajar, de una caldera de quemar alcohol, su madre lo entraba en la habitación y le hacía vestirse de rey mago.

Las chimeneas hoy nos contemplan calladas y como compaña a Cigüeñas que anida en su altura

Cada alcoholera tenía su chimenea de diferente altura, donde se quemaban el vino convirtiendo se en alcohol.

 

 La de Montero recordando un pasado glorioso.

 Empresa punteras de Almendralejo, abrió caminos, salida a la producción vitivinícolas en la zona y alternativa.

 Bodegas Montero era conocida en el extranjero, su ginebra, vermú, Ron caballo blanco, mistela o Brandy especial Magalino de gran calidad.

 En 1960 tenía más de treinta empleados, con una flota importante de camiones cisternas para trasportar los caldos, oficinas con un nutrido grupo de Escribientes.

 

Su sirena, potente señalaba la entrada al trabajo, se espacia por todo el pueblo, señalando el comienzo de la jornada y salida, sonido atronador que ha quedado en los sentidos y parece que las oigamos.

ISABEL CORONADO ZAMORA

 

 

 

 

 

 

LA ADTUACION

                                


   ALMENDRALEJO

Te lo mereces si es un poco de inspiración, de años, por lo tuyo, ensayando, complicadamente.

Las distorsiones, de una atmosfera, en los pensamientos, nunca fueron desarrollados.

La música sonando con la fuerza de una cascada, que salen de los sonidos, emitidos en la bocanada del eco de la montaña.

Las rimas consonantes, hiladas de palabras navegando por ponientes que se hacen orillas de acaparar los rayos que van deslizándose hacia el fondo.

No se ve ni siente, en noches mágicas.

La nota frágil que explota en un hacer de imitación.

Al final de un amor editado, haciendo el agradecimiento, que un tono navegador, increíble, pasando el rato, que la claridad de la dificultad nos dio la gracia del bien.

La cosa más sencilla de un reflejo en nuestra retina, nos hizo navegar por los mundos de la nostalgia.

ISABEL CORONADO ZAMORA

domingo, julio 05, 2026


Sol


El sol estaba en lo alto, caminaba mirando el horizonte en aquel padrón redondo que da la vuelta al pueblo.
Los pies pesaban al irse llenando las zapatillas de la tierra de las pisada, las irregularidades del camino, cuestas y barrancas.
 El sol en el horizonte Deslumbrando nos mi  hermana hablando sin cesar palabras tras otras y yo sin poder entrar en vaza, hábito de ser profesora, la que habla siempre en clase dando explicaciones.

Lleva hacer que sea la única que tiene palabras.
Decido, fijarme en los olivos del camino, este Ogaño, traé mucha aceituna, sus ramas están limpias de mangara, brillan como espejos destellantes, animado a los rayos de sol.
Que bonita es mi tierra de barro.
Isabel Coronado Zamora 

 El sol



El sol estaba en lo alto, caminaba mirando el horizonte en aquel padrón redondo que da la vuelta al pueblo.

Los pies pesaban al irse llenando las zapatillas de la tierra de las pisada, las irregularidades del camino, cuestas y barrancas, el sol en el horizonte deslumbrando nos .

Mi hermana hablando sin cesar palabras tras otras y yo sin poder entrar en baza, hábito de ser profesora, la que habla siempre en clase dando explicaciones.

Lleva hacer que sea la única que tiene palabras.
Decido, fijarme en los olivos del camino, este Ogaño, trae mucha aceituna, sus ramas están limpias de mangara, brillan como espejos destellantes, animado a los rayos de sol.
Que bonita es mi tierra de barro.

Isabel Coronado Zamora 


                                                    Soledades



Le llaman Soledad, el mundo que nunca creí conocer.

A medida que vamos eliminando o borrando el camino de la vida, la Soledad va haciendo el suyo.

Su sendero es vacío, árido, de nada está ocupado, los demás carecen de tiempo para ti.

Soledad de bancos con brazos que nos de amor, besos y un momento de compañía.

La soledad, es sentir tus espaldas frías, ante una puerta con llave, que abre cerradura con silencio, dejándonos, en el centro deshabitado de espacios, que el bullicio de un tiempo fue dejando vacío.

La soledad no nos la enseñan, en las primeras clases de nuestras vidas, luego no tenemos tiempo de sentirla, dándote a pensar que eso no va con tu camino.

 De pronto te das de cara con ella, no la conoces, no has tenido en toda tu vida tiempo de estar con la soledad, hasta que de pronto está, en el espejo del salón y en los rincones que habitas.

Un espacio tan desconocido, gris falto de todo, lo que te hizo sentir persona y amor.

Soledad quién te puso este nombre, vas dando pedradas en tu caminar, buscando donde asentarse.

Isabel Coronado Zamora