Aquel verano fue el principio de empezar a recordar sobre los recuerdos que se iban almacenando en una mente tan pequeña, que se refugiaba en los detalles, momentos queridos, que íbamos formando a lo largo de los cortos años de vida.
Aquel día de mi graduación infantil, fue intenso, toda la clase pensando , en la actuación en el Carolina Coronado.
La merienda acompañada de primos, hermanos, abuelos y demás.
Las prisas por ser vestidas, el correr por llegar a tiempo a la gala.
Cuantas emociones, en la fila para entrar, de pronto ve a mis héroes, mi Papi y Mami, que me colocan la mano sobre mis hombros y por fin entro en el teatro .
Cuanto protagonismo y emociones .
Mi señorita, que pronto comprendí, que mi señorita no va estar en el pasillo amarillo, aquel que tenia ganas de llegar pues seria mayor.
Mis compañeros y un mundo tan nuevo empezaba .
Y empecé a recordar aquel día, cuanto miedo cuantos pucheros y llantos, no quería dejar ni empezar de nuevo .
Quería volver a mi jardilin con mis amigos, donde había sido tan feliz.
Lloraba me consolaban y de pronto una mano me acaricio, la tomo,¿ me pregunto, como te llamas?.
mire hacia donde venia la voz y vi una cara sonriente y empezó a dar confianza, me agarre a ella, mientras era introducida en mi nuevo mundo, miraba para atrás una vez y otra viendo a mi familia que se quedaba fuera de mi nuevo mundo.
Cuantos momentos vividos, conocimiento, actividades, cariños, fiestas amor.
Mi primera infancia había corrido tan rápido, que se notaba sobre todo en mi crecederas.
Fueron años de conocimientos, refugios de cuidados, de característica adecuadas.
Recuerdos, que empezaban como las vacaciones, de un reportaje que la vida traía, desaparecía, era buscar mi nueva vida.
La corrección de un hilo que los días, mas bien yo iría existiendo, en los casos de los sucesivos meses, estando y esperando , seres que eran mi familia que me aria llevar en contacto del conocimiento .
Llore de emoción en cada momento de aquel día mágico, sé llenaba de compañía, en aquel lugar, que buscaba y me daban consuelo.
Miraba a mi señorita y me daba cuenta que sus enseñanzas estaban anidadas en mi, que no desaparecían, serian mías para siempre como sus caricias y cariño.
Siempre seria la reina del momento de mi graduación, mi señorita querida, que me dio tanto amor y donde cada mañana, me tenia que dar nada mas llegar, ponerme en la fila su mana, sobre todo ser la primera.
Que mano tan suave y confort me daban.
A mi querida Flavia
ISABEL CORONADO ZAMORA