LOS ARBOLES DE MI NIÑEZ
Cuantos juegos compartidos a la sombra de estas eucaliptos, hoy secos profanados, viviendo la dejadez que sufrieron.
Cuantos juegos mi padre contaba o se decía, estos árboles fueron sembrados a último de los años de la década de los años 20, del siglo pasado, siendo el guarda un señor apodado el Cabo.
Contaba él que con qué celo los cuidaba, este hombre estos árboles, había otra alineación de árboles en la otra orilla, de de lo que fue la alberca nueva, hoy avenida de Goya, fueron talado igual que este.
Fueron mal podado y se han perdido sus ramas, donde en un tiempo pasado, su sombra la utilizábamos, cuando veníamos. Jugábamos y en sus ramas hacíamos remos, también hacíamos trampas, pequeños hoyos en la tierra que llenábamos de agua y traviesamente, le decíamos a los primos mas inocentes, pisa y cuando lo hacia se hundía y todos reían.
Están llenos vivencias, los troncos de los antiguos árboles, han visto la llegada de las vacas, que todas las mañanas venían aquí, usaban la alberca de abrevadero.
El miedo que pasábamos, surgen recuerdos, los restos de una casa que había en la parte de arriba donde nos refugiábamos, huyendo de los astados.
Qué grande me parecía, este parque, entonces una era, donde la semilla era trillada y sus brotes convertidos en paja, aquella máquina con su sonido Tronador, cada una en un cabezo hoy parque.
Aquí jugábamos mis primos, primas, en este pilar que aun parece estar esperándonos, cuantas travesuras, saciando la sec y el calor, entrándonos en el abrevadero, que utilizábamos de lugar de juego acuáticos, parecen resonar las risas, y carcajadas por el lugar.
El peligroso pozo de las cadenas, cuánta historia tiene, sus brocales y cadenas en la polea que giraba sonoramente deslizando el cubo, con el que se sacaba el agua.
Pobres arboles, convertidos en troncos, sin rama despojado de todo lo que fueron, altivo los eucaliptos, dando, sombra a los participantes y ganado de la feria que hubo en el lugar llamada de Ganado.
Al ganadero sofoco el calor mientras hacían los tratos de compra ventas, un bullicio de mucha animación, niños que jugaban alrededor , de las vacas pactadas.
Fui a un eucalipto altivo, sobreviviente de la feroz poda, de sus ramas recogí hojas, una vez cocidas sus vapores sus vapores son utilizados para la tos, haciendo de bálsamos logrando calmar la tos.
Recuerdo, cuando se cocía, los vapores espaciándose por la cocina, aliviando el constipado y más llevadero.
Los troncos, pelados parecen dedo que sale de la tierra en busca de aquel antiguo, eucalipto recuperar su hermosura frondosidad, volver a lo que fue, la alameda, un oasis en aquel descampado despoblado.
Convertido con mis compañeros en pobres troncos desformes, hoy en día ni damos sombra ni damos cobijos ni nada de nada.
ISABEL CORONADO ZAMORA












