LOS RECUERDOS

Los objetos, sin poder sacar, la hora de un momento, cuando caminas en una vida por caminos largos, donde florecen, recuerdos que la gratitud hacia ellos, te hace a menudo sentir necesidad de sacarlos en un gesto de superioridad, como una representación, de un viaje donde la incomunicación de de una rotura, de un recuerdo, lo dejas sin sentido, olvidado.
Siempre recordare, a mi familia, poniéndola en cada reglón de mi vida.
Cada una ocupando líneas, diferentes, navegando por los lugares perdidos de la memoria.
Nunca comprenderemos, como de pronto pueden aparecer recuerdos tan lejanos y almacenados en las estanterías de nuestra mentes, haciéndolas salir de la caja de y se pongan delante de ti sintiendo que no tienes necesidad de ellos, lullendo no queriéndolos representar anularlos sintiendo que no son deseados.
Estos días de pronto, recordé el primer día, que fui al baile del obrero, tan animad, divertida, que el primer envite me lo dio el portero que estaba en la puesta, con la importancia de sentir su superioridad echando para a tras ha todo el que no fuera socio o menor como el decía menor.
El Obrero Extremeño, sociedad que años atrás, bastantes, su sala de fiesta era famosa en la comarca por sus bailes del domingo, donde tocaban los conjuntos y vocalistas unidos a orquestas de mas renombres de la comarca.
Que planchazo, muy decidida con mis amigas intentamos entrar por la puerta principal, cuando mas grande era el alboroto.
El señor portero con su uniforme y gorra de plata, nada mas percibir nuestra presencia tan alegres, divertidas, riendo con grandes carcajadas, muy decididas, vemos a señor bajito, calvo, con lentes de mucho aumento, se puso delante de nosotros y nos dio el alto.
Nos volvimos para atrás, para ver si era a nosotras, con lo monísimas que éramos y orgullosas de sentirnos, admiradas por lo divertidas que éramos y admiradores que teníamos.
Pero el señor estaba decidido de tomarnos como ejemplo, para otras jóvenes, nos dio el alto y pidió una identificación, de pertenecer a dicha sociedad.
Si había una de las amigas, mas previsora, su hermano se lo había echo y lo saco muy decidida, quejándose y enfadad.
NI enfado que valga, tu entras pero las demás fuera, nos dijo.
Primero protestamos, luego fuimos menos orgullosas y suplicamos mientras veíamos como a media que entraban las gentes nos iban mirando y sonriendo por nuestros apuros.
Luego empezamos a gimotear todas a la vez.
El señor que ni majita, muy decidido nos puso en la puerta, avergonzadas y con la pintura de la cara toda corrida , por el llanto, rímel para las pestañas, que en aquella época que cuando se unía con la humedad de las lagrimas, empezaba escocer de tal forma que tenia mas cuenta que las lagrimas se adueñaran de los ojos y dieran sueltas a las lagrimas, que salían arrasando todo la pinturas de los párpados, que se derramaban haciendo surcos por nuestras mejillas.
Volviendo nuestros rostros, grotescos, sufriendo miradas poco caritativas que reían.
Decidiendo salir de aquel lugar, calmándonos y con el frio que hacia nos compramos tres pesetas de castañas asadas, dando suspiros emprendimos el regreso para casa savoreando las castañas, lamentando nuestra tragedia juvenil.
ISABEL CORONADO ZAMORA