Mi pequeña historia de Almendralejo

viernes, agosto 14, 2026

 Querer 



El árbol, sin testigos, sin maldad, queriendo dejarse ser el remedio en el caminó, el consuelo del caminante.

Refugio del primer amor, ser querido,  sacar del querer y dejar pasar.

Mentes que forman parte de un corazón, sufriendo, fuera de el, que fueron los cariños, borrados en un tiempo de caricias.

Vidas llenas de un borrador, en la gracias, de un Dios.

Hoja en blanco, manos buscando los golpes de destrezas.

Sonidos que fueron olvidados, mientras entraban otros, que anulaban, la brisas de las ramas, del árbol refugio de momentos añorados.

El árbol ha todos le veía, sonreía y dejaba en casa unos el amor como antaño.

Cuando los ojos se fueron languideciendo sin salidas, ni amanecer, sin decir que te vas.

Dejar la marcha, para unos años llenos de promesas, sin querer pasar por el centro de cada momentos, que van hacia el centro y no se puede hacer nada.

Besos, que fueron olvidados, temores de ver sin sentir la mirada, que lograba hacerte un nudo en el estómago.

Que hacían palpitar el corazón, como la hoja frágil del retoños de brote en primavera.

Isabel Coronado Zamora 

Justo.



Apoyo, de un impedimento, sin llegar una virtud que navega, andando, con días que con tigo enfrente de una visión, sin salir ni aprender en un mar navegando.

Querer con sentimientos son saber, como aves volando, nada como uno mismo.
Ser tu, tomar decisiones, navegar por mares, sintiendo la sed, sintiendo la sequedad de la falta de una necesidad, de una familia.

No es uno mismo, sin saber, teniendo cabeza, de encontrar los sonidos, de una llamada, perdida, en las nociones de tener la paciencia, de descubrir los sonidos de una rosa elecurnte .

Caravana de estrellas perdidas, que en firmamento buscan un mar estelar que se unen en la cola de un cometa, que llevá anidado pensamientos que un día volaron buscando y logrando salir de una mente sin futuro.
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Agua que calma la sed, de un inhóspito, lugar  refugio para tridentes, cortando, las sombras de palabras sin probar su añoranza.
Que se pone y entra en la sombra, de una rotura, de un grito, sin pasar las puertas de la igualdad que no sabe uno mismo, sin nombre de cada tres.
Isabel Coronado Zamora 

jueves, agosto 13, 2026

 

La trilladora 



Estás máquinas trilladoras estaban en lo alto del parque de las Mercedes los 24 horas del día.

Con un ruido atronador, las máquinas eran de Caja Rural hoy CajAlmendralejo.

Eran alquiladas a la Comunidad de Labradores.

Guardadas en cocheras todo el año que estuvieron y están en la Avenida de Sevilla (carretera Sevilla) enfrente donde estuvo LEDA y de la calle José Luis Mesías.

Los portugueses venían a trabajar y contaba mi padre que compraban mucho pan que guardaban en costales que ponía al sol para que no se pudiera mojoso, 

Si duro como una piedra y era que en Portugal no había pan de trigo sólo un pan negro.

Eran en década de 194o y 1950.

Años de muchas necesidades.

Isabel Coronado Zamora 

 Eclipse 



La vida es una luz, en horas y regalos de cumpleaños.

Los meses, son sonidos al atardecer, llenos de eclipse, de un punto o eternidad, solución de problemas, de cambio, de manos donde dejar rayos de luz.

Algún ascendente, vio, sinto en su rostro, lo que le libraba, de una ronda, de plegarias, sin ningún que hacer que permitiera una chapuza.

Creer, es una máquina, con polea, sin ocurrencias, potencialmente, sin acabado ni descanso, de rondas, de verdades.

Sentarte, dejar pensando la cabeza, acabando y dejando presos, del brillo que dejan los pensamientos.

La dureza y resistencia, del bien sobre el mal, echando en el cambio, el echo de ser frágil, fallando, y dejando las descalificación.

Golpear y perfeccionar, las ideas, rompiendo el hilo, de rotura, de la parte que antes de hacer ninguna prueba que aguante los golpes de la maldad.

Los extremos de una prueba que te llevan a tu lugar de inicios, en aprovechar los tiempos que la verdad deja paso al principio de tu ser 

Isabel Coronado Zamora