AQUEL DIA.
Esta medida era utilizada para repensar y organizarían y llevar cabo las actividades. de compra venta del grano,
Había distintas capacidades, para medir: media cuartilla, cuartilla y fanega bien de grano o legumbres sobre todo garbanzos de la zona.
Esta medida la conocí muy bien, pues mi abuela solía venderlos a vecinos del pueblo y la forma de hacerlo era con esta medida.
La siega del grano o garbanzos era de lo mas penoso, los riñones quedaban destrozados, trabajo muy penoso, de sol a sol sobre las espaldas.
Con mi padre fui varias veces a espigar garbanzos, consistía que una vez segado el dueño lo daba a los jornaleros que habia segado para él "trazo" a si llamado al que le daba bien a los trabajadores o a los ganaderos.
MI padre nos llevaba como si fuera un juego, pero no era tal.´
Nos daba una talega que nos ataba a la cintura y nos daba un lineo que ya estaba segado y donde el grano era escaso.
Nuestra menudas manos acaban ensangrentada por el a fan de coger toda la legumbre suelta por la tierra que no era nada divertido.
Lo mejor era cuando mi Jose Coronado, tan hábil para todo oficio, al espigar habia conseguido una talega llena, que daría guisos para varias semanas.
odiaba los garbanzos, de niña, que eran comidos todos a diarios, con un solo condimento o presa el tocino de la matanza y la morcilla, no habia más .
Pues bien cuando el consideraba nos reunía y nos llevaba al jato, nos hacia recostar sobre la albarda del borriquillo.
Y sacaba la talega, de la aguadera, lentamente, haciéndonos impacientar y aparecía la fiambrera, que habría con longitud y de ella empezaba a sacar viandas, que iba colocando sobre la manta donde estábamos sentados.
Hiba partiendo con su navaja el pan y dándonos un pedazo a cada uno y encima un trozo de chorizo del año y que rico estaba mientras bebíamos el agua del barril del campo o la alcantarilla.
Estaba tan fresquita, siempre ponía el jato debajo de un olivo grande y tapaba bien la con la manta.
Y empezaba a contarnos historias y magia, de pronto de los olivos salían almendras, de sus manos aprecian racimos de uvas.
Eran los mejores momentos cuando terminábamos, tumbados en la manta unos junto a otros, a su lado viendo pasar las nubes, que según el eran los duendes de la campiña, los que logran que la naturaleza alcance el equilibrio para darnos sustento.
Y de pronto aprovechaba cualquiere ruido para reírse de nuestros miedos y mas de alguna vez.
Sobre todo con un primo de Madrid que habia venido aquel verano y nos acompaño al cual el oficio de espigar, lo canso enseguida y no le resulto divertido, prefiriendo dormir, después de vaguear.
Entonces la broma fue que todos nos escondimos y el sopor hizo efecto en el chiquillo por aburrimiento, cuando sintió una leve cosquilla en la nariz, se despertó y no vio nadie y si al asno que se habia soltado y al estar atados las patas delanteras por (los grillos) que eran una cadenas, a si llamada para atar las bestia y no se despistaran.
De que ve al asno que previamente José le tenia puesto la (Jáquima) a respingar y saltar, el mozalbete empezó a gritar que era un (unicornio) que habia bajado del cielo montado en una nube.
Corría por todos los líneos de los olivo y nosotros, de risa incontenida hasta que el chiquillo reacciono y muy enfadad (dijo que éramos los del pueblo muy bruto).
Cuando nos calmamos Jose nos dijo que parte de los garbanzos, los vamos a vender al tendero y con el dinero esta noche nos vamos al cine Plazo de toros a ver una película de (Joselito)
y tan contentos iniciamos la vuelta al pueblo, montados todos sobre el lomo del Asno, sujetando las talegas que iban dentro de los (Jaques) de las aguaderas y la cantarilla del agua y demás aperos de labranzas.
Mientras el perro Canelo, corría alegre, alrededor de nosotros mientras José continuaba con sus historias y cantes .
ISABEL CORONADO ZAMORA

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