sábado, agosto 29, 2026
martes, agosto 18, 2026
La holaaa
La orilla de la vida, es donde el navío donde navegamos, un día, para darnos el sosiego de la eternidad.
Barco sin timón, navegando por los océanos de la vida.
Risas y alegrías, bajo la sombrilla de un espacio en sombras de bienestar.
Nada es sin luz, sin juego, que quiten, por aquí o por los caminos de la niñez.
Vuelos sobré ti, pensamientos en penumbras, almohadas, en espacios divertidos.
Plan de no decir nunca o casi jamás no.
Sin ver o divisando, la isla que fue, en un espejismos.
Barco encallado en la arena, donde la madre tierra cansadas de sentir sobre su corteza, heridas de gruelda, de hacha cortantes de despedida o simulación de espabilado.
La hora, señales de mentiras, de llevá vueltas, de niñez, nada que ver, sentir.
Ir a un lugar perdido, donde el ingenio del ser humano, va y viene sin rumbo.
Amistad, de dejar la verdad, gastada de escuchar, palabras andarinas, marcando la falta, del calor de abrazos de navegantes.
En líneas del horizonte, encuentro de ti mismo en los espacios de los límites llegando a la oril, al encuentro .
Isabel Coronado Zamora
lunes, agosto 17, 2026
Días
Algo como estar orilla del mar, no era fácil disfrutar.
Solo unos pocos privilegiados lo podían hacer.
Caminar por la orilla, dejarte y sentirte abatida por las olas.
Arena fina que se desliza debajo de tus pies, escuchando murmullos de voces.
Sentir caer la tarde, la suave brisa y decir Dios que afortunada soy.
Viendo a mis nietos mayores, disfrutando de las olas, de una amistad momentáneas, que serán y ocuparán el espacio de la casilla de la vida que este destinado para un futuro.
El mar es el encuentro de las culturas que han pasado por sus orillas.
Cómo los encurtidos que se dan en una tarde de verano.
La felicidad, de vivir, de estar solo, en el instante, será lo que va ha encontrar, pues el espacio tiempo dará las vueltas que rigen los encuentros que irán marcando las casillas de la vida.
El atardecer, es el principio de la noche, la luz que se deja acariciar por la oscuridad,
Los pálpitos de un viento chocando con sus pies buscando la pelota en la arena.
Na noche ante una amistad, la quietud de los sentidos, el saber de una fuerza inquieta, que provocan risas infantiles.
Las manecillas del reloj marcando sin parar, atrapando minutos, de un marcador de tiempo, dónde las manos agarran la cortina de la esfera de la hora, de dejar juegos.
Isabel Coronado Zamora
domingo, agosto 16, 2026
El temor
Pálpitos de corazonadas, olor angustia, es una aroma galopante, de color diverso,.
Música que salen de palabras sin simetría, tropezones de paradas en seco, patadas en el aíre.
Sin rumbo ni nostalgia, vaivenes de navegantes justicieros, dueños del sistema, diciendo con actitudes el sentimiento del ti y del yo.
Marañas, de visiones, esperas de palabras vacías, llenas de inquietud, que te llevan sin rumbo, logrando, el susurro y el llanto del extraño.
Golpear y dar patadas en el aíre, mientras el sonido de música , te traen al presente.
Navegante de mates de pesares, murmullo, llenos de susurros en una estancia de tu mente.
De los sentidos en manos de pelotas, de perdones en la hora de querer tener en cuenta, la vuelta, de ir haciendo ver y saber, cuando no te das cuenta.
El porque, el saber del agua sobré tu cara, resbalar por el pecho, siguiendo hacia tu vientre, deslizándose por tus muslos en un camino realizado por tus piernas, que se dejan caer cansadas en tus nostalgias.
Caminantes de pasos que te hacen navegante, en espera de la jugada de tirar y ver el juego de unas manos diestras en la ruleta de la vida.
Entonces entra en juegos, observando, viéndote.
Pelota , que rueda, como queriendo sacar del circuito que un día entraste para formar tu turno de vida.
Isabel Coronado Zamora
Los Melones
Cuando se cuentan, y narran tiempos pasados , como los que se aprecian en la fotografía, no se creen y menos parecían.
La forma de subsistencia en Almendralejo, para poder vivir y agenciar dinero hasta la vendimia era sembrar melones.
En una tierra de secano, falta de lluvias, que calleran en el momento por para que la planta saliera.
Muy difícil, todo a base de esfuerzo, con un burrito de nombre Perico y un ,(chisme) ro que tiraba el animal y el dueño detrás de él guiando el surco.
Que tiempos, que pocas vacaciones, sacar el fruto rápido, para que fuera el primero, valiera más, y sacar rápido la renta de la tierra.
Poco se echaban cuentas de jornales, acarreos y las hojas en el puesto en espera de poder venderlo.
Recoger y vuelta a casa.
A si eran aquellos veranos, de espaldas quemadas y no por el sol de la playa, sino por la dureza del trabajo de la tierra y tantas climatológicas.
Hombres curtidos, donde las caras se volvían muecas, las manos esperas llenas de grietas, que se hacían suaves al acariciar.
Amaron y tuvieron la fe que da la vida, la esperanza de logros.
Un mundo que no querían para los que amaban.
Isabel Coronado Zamora
viernes, agosto 14, 2026
Querer
El árbol, sin testigos, sin maldad, queriendo dejarse ser el remedio en el caminó, el consuelo del caminante.
Refugio del primer amor, ser querido, sacar del querer y dejar pasar.
Mentes que forman parte de un corazón, sufriendo, fuera de el, que fueron los cariños, borrados en un tiempo de caricias.
Vidas llenas de un borrador, en la gracias, de un Dios.
Hoja en blanco, manos buscando los golpes de destrezas.
Sonidos que fueron olvidados, mientras entraban otros, que anulaban, la brisas de las ramas, del árbol refugio de momentos añorados.
El árbol ha todos le veía, sonreía y dejaba en casa unos el amor como antaño.
Cuando los ojos se fueron languideciendo sin salidas, ni amanecer, sin decir que te vas.
Dejar la marcha, para unos años llenos de promesas, sin querer pasar por el centro de cada momentos, que van hacia el centro y no se puede hacer nada.
Besos, que fueron olvidados, temores de ver sin sentir la mirada, que lograba hacerte un nudo en el estómago.
Que hacían palpitar el corazón, como la hoja frágil del retoños de brote en primavera.
Isabel Coronado Zamora
jueves, agosto 13, 2026
La trilladora
Estás máquinas trilladoras estaban en lo alto del parque de las Mercedes los 24 horas del día.
Con un ruido atronador, las máquinas eran de Caja Rural hoy CajAlmendralejo.
Eran alquiladas a la Comunidad de Labradores.
Guardadas en cocheras todo el año que estuvieron y están en la Avenida de Sevilla (carretera Sevilla) enfrente donde estuvo LEDA y de la calle José Luis Mesías.
Los portugueses venían a trabajar y contaba mi padre que compraban mucho pan que guardaban en costales que ponía al sol para que no se pudiera mojoso,
Si duro como una piedra y era que en Portugal no había pan de trigo sólo un pan negro.
Eran en década de 194o y 1950.
Años de muchas necesidades.
Isabel Coronado Zamora
Eclipse
La vida es una luz, en horas y regalos de cumpleaños.
Los meses, son sonidos al atardecer, llenos de eclipse, de un punto o eternidad, solución de problemas, de cambio, de manos donde dejar rayos de luz.
Algún ascendente, vio, sinto en su rostro, lo que le libraba, de una ronda, de plegarias, sin ningún que hacer que permitiera una chapuza.
Creer, es una máquina, con polea, sin ocurrencias, potencialmente, sin acabado ni descanso, de rondas, de verdades.
Sentarte, dejar pensando la cabeza, acabando y dejando presos, del brillo que dejan los pensamientos.
La dureza y resistencia, del bien sobre el mal, echando en el cambio, el echo de ser frágil, fallando, y dejando las descalificación.
Golpear y perfeccionar, las ideas, rompiendo el hilo, de rotura, de la parte que antes de hacer ninguna prueba que aguante los golpes de la maldad.
Los extremos de una prueba que te llevan a tu lugar de inicios, en aprovechar los tiempos que la verdad deja paso al principio de tu ser
Isabel Coronado Zamora
sábado, agosto 08, 2026
Atardeceres de antaño
Almendralejo calle Real
En cada época la vida se vive, disfruta y con los años, aún con sus dificultades, tiene su añoranza.
Pues en ella están tus seres queridos, a los que quizás en el presente careces de ellos.
Esto es lo suficiente para ver el pasado con los años diferente ir mejorando con el tiempo y verlos y desearlos, trayendo al presente como no fueron cuando lo narras.
Cuanta dificultad tuvo las décadas de los años : 40,50,60 con tanta emigración, que conocí, los pueblos se iban quedando vacíos, familiares que ibas a despedir a la estación.
Que marchaban con tanta pena, por ambas partes, con la esperanza de que iban a volver pronto, con dinero para una vida mejor.
Y lo que encontraba en las capitales era más miseria, eran mal preciados e ignorados algunos.
Después que se habían quedado sin casa mal vendida por unas pesetas que no daban suficiente, para comprar otra donde marchaban.
Que desolación, marcharon fueron de otros lugares y allí quedaron, formando parte con el tiempo de aquellos lugares.
Venían para la feria a ver a la familia, la madre los acogía y en su pobreza le daba aquel mes de lo que había en casa dónde eran acogidos con su trole.
La familia los invitaba a comer cada una de ellas cada día, haciendo la estancia a la casa de acogida más leve.
Con el tiempo, todo fue cambiando y las épocas se fueron imponiendo.
Con la democracia, mejoro y el trabajo y la década de los 80 fue buena y un avance muy grande para España.
Vino la cris digamos a si de los 90, se levantó cabeza en el 2000, pero en el 2007 llegó la peor
Las cosas malas intentamos olvidar rápido, y reducir, prosperar.
Eso es bueno, pero cuando el que la vivió lo cuenta, se le ignora, pues crecemos en un mundo de bienestar que creemos diferente , al vivido por el mayor.
Pero es así, cada época, es un círculo con sus: personajes, estancias, lugares, que irán dejando paso y saliendo de el: para.
Dejando pasó a otra época, con sus diferentes estancia para el nuevo círculo, donde tú irás dejando de tener importancia, tus vivencias , historias, serán ignoradas.
Pues el nuevo aro de la vida tiene que volver a procrearse, generar y la Cepa del mal dejar brotar.
Aprender del pasado, para no cometer los horrores de otros, pensaremos que somos más listos.
No escuchar y tropezar es de humanos.
Isabel Coronado Zamora
viernes, agosto 07, 2026
Las niñeras
Calle real de Almendralejo
Un oficio de cuidadora de niños, que las personas pudientes, daban a niñas de corta edad que eran contratadas por la clase pudientes.
Muchas veces los niños eran más grandes que ellas, y cuando los cogían en brazos las pobre citas era para verlas.
El sueldo era a veces tam poco, que era un convite, poco más.
Tenían su uniforme, era un mandil blanco encima de su ropa, como señal de identificación.
Eran casi siempre las niñeras crías de corta edad, pero encargada, de una recua de críos a su cargo.
Hubo familias davidosas, que le daban unas perrinas para que comprara a la trole, chucherías, como pirulín, tostados, avellanas y poco más, había poco dónde elegir.
Los amos a si llamados o señoritas a los contratantes, dejaban a cargo de la niñera a los crió toda la tardé hasta por la noche.
Quedando a la cuidadora extenuada y con alguna reprimenda si el niño venía sucio o con rozaduras propias de crío traviesos.
Isabel Coronado Zamora
jueves, agosto 06, 2026
Universo
Guardar en una campaña, son frases que se van uniendo.
La incredulidad,.por respeto, sin criticas, las puestas de sol, la quietud, de un aplausos de olas, veivienes de pasos en la orilla.
Gaviotas, que marcan su horario, sin relojes, ni campanario.
Vivencias de un bien logrado, en subirlos marcadores, de vaivenes de recuerdo.
Estrellas perdidas al encuentro de veloces destellos, emigrando por el firmamento.
Colores de una visión que navegan dentro de un set, sin rumbo al encuentro de unas manos, navegando por un ser, que se frustra en sentir.
De izquierda a derecha, los derechos, marcan, las igualdades, de una tarjeta de identidad.
El echó de ser tú es caminar por alfombras, de cambios, que impone la razón.
Las vistas, de hacer cambios de un lugar en un reto, no suficiente alcanzable, en el firmamento y renglón de una canción.
Emvajador de puntos perdidos en los recuerdos de los días, se formó el encuentro de verte con sentimientos, llenos de paciencia y sabor a la espera de ser el único en gestionar.l
Los alcances de una cuerda de medir los sentimientos del ser humano, rodando en círculo siempre es reencarnación de unos mismos.
Isabel Coronado Zamora
lunes, agosto 03, 2026
Teatro
Cualquiera un referente una fotografía, buscar la imagen, sin más.
La presencia, del sonido del viento, la marca de un juramento en las nubes, deslizándose con la lluvia.
Estallando en las heridas de un pasado sobre piedras heridas en el corazon.
Los cascos de los caballos galopando por los senderos del firmamento.
Disparos, al atardecer sobre colinas escondidas, queriendo evitar pisadas no deseadas.
Insulto de palabras necias de brilló en la quietud de la noche, alumbrada por luceros y lud luminosa de ráfagas de luna.
Venir de viento lleno de ráfagas de acontecimientos, grabado en estelas sofocantes, que te hacen conseguir las moradas de la cortesía.
Representar escenas con demasiado tiempo en la silla de cojines, de mundos rellenos de vientos incómodos.
Independientes de incomodidad, dejar atrás los símbolos gratis de regalos, incómodos de llamadas
En lechos de la llamada del sueño llevándote en viales don de la banda del justo y frenesí eres tú el rey de los sueños.
Isabel Coronado Zamora
sábado, agosto 01, 2026
Cuatro minutos.
La furia de los vaivenes,ven un mundo navegando por pisadas olvidadas.
Barcos sin rumbo, música en el escenario de la vida.
Torres en lo alto, mirando los rumbos de las nubes, sin utilizar el merecimiento de un compañero, sin pensar en nada.
Watios de fuerza, que dan la señal que dar la fuerza y series del sentido, sin importancia.
Lamentar sin compartir, la impaciencia de la simpatía.
La inutilidad de no saber los poncencentanges, de una compresión .
Las marcas de un dolor señalado ante la insatisfacción del tiempo, sin preguntar el rumbo, sin justicia en una terminal.
El tejido de un circuito sin sentimientos, en una programación, que marca nuestro destino.
La vejez de los años disparado injusticia que van sin rumbo al encuentro de pasos perdidos.
Ya no hay salvación, en un pasado, que ya dejo de ser en su ocaso.
Sonidos de vientos en los cristales, que hacen temer lo desconocido, arañando querer pasar, al encuentro de un pasado que no importa.
Un lugar un futuro enviado sin saber, en un espacio, que es tuyo.
Ir hacía el espejo de la vida, marcar la flecha de lo desconocido.
Montaña de suave subida, en marcada en la fuerza del destino.
Isabel Coronado Zamora
viernes, julio 31, 2026
Urna pisada.
El arcoiris de una tardé de verano, describiendo recuerdos, que me hicieron sumergirme en los asientos de un ayer.
Las quejas del olvido, los sonidos olvidados en un espacio, se unían con la importancia de pensar sin necesidad de la aventura.
Las pisadas de un pasado llenó de ruidos doloroso, de hacían la sustitución una cuenta siempre hacía atrás.
Salvar la importancia, el error de volver .
El corazón latiendo, buscando un momento indebido sin marca, si admir sin consejo ni protesta.
Tú interrogatorio interior, sin pies ni puntos de seguridad, las mentiras olvidadas, lo ocurrido en una acusación sin motivo, los golpes de una verdad a medias.
La curiosidad de que te llevo a la contra de una vergüenza, que la misión de saber que la amistad .
Las cosas sin importancia, buscando la misión que los secretos continuaban.
Sentado ante el testigo de la petición, de un momento que era el juramento de un servicio de una misión..
La forma de encontrar la defensa de los que la prueba de una agenda que señalaba la última página.
El conocimiento de una aventura, que precisabas, con una afirmación..
Isabel Coronado Zamora
La Entrada.
Nadie en su diferencia, marco la estupidez, en un proyecto que la publicidad de una llamada en la lejanía fuera el hacer de una bajada.
Las piedras bajo el agua sintiendo la corriente del fluido.
Mientras los pasos y sonidos del ir al encuentro de la serenidad y calma de de la residencia de estancias que en noche la luna blanca llena de manchas sobre su cara la hacían misteriosa
Los resultados de vaivenes en una esperiencia llena de dificultades vencidas.
Un alquiler de dolores fuertes de un ayer olvidado, por el acierto de dejar pasó a nuevas experiencias y sensaciones.
Olas meciendo corrientes de sonidos al encuentro del navegador buscando el encuentro del paisaje nunca habitado..
Isabel Coronado Zamora
miércoles, julio 29, 2026
Mi gato y mi nieta.
Actuar sin presentar el color de la perfección, es la suerte de la memoria.
Las sagas son veteranía, de lo correcto, la biografía de aparecer, en modelos de decir la ficción del tiempo.
La pista música y ritmo, de tener las alas del sonido de la música, escuchada, marcada por la época que preguntas, mirando a la cara.
No salir sin rebotar ante una idea y puesta de resplandor, de la playa al monte, sin segundos ni tiempos.
Una rosa en la mano, y un beso en la boca, sin saber si salir de un año.
Cuándo se marcha la última vez, que la letra señala los bolsillos, de un segundo que la vida da sorpresas.
No es verdad, la vida en un país, marca el verano, que dura el sueño de sonar las marcas de seguir en Versos, movimientos en una escalera que la siguiente forma marca un navegador.
No es ser los latidos de unas palabras que fueron olvidadas,.no dejar sobre una playa, en pistas de vuelos que la seguridad de un amor, hizo insulso y mal gastados.
Amigo o circunstancias de un si, pasar un tiempo en una mutua estancia,bde ese encendido, de la espalda de un mosquitero
Las presencias que forman una reforma en la mente, el valor de la temática, de no estar en un cortito color angustioso
Isabel Coronado Zamora
jueves, julio 16, 2026
El cielo que me cobija
Los mares son el espejo donde se miran los cielos.
Nunca vamos ni venimos, somos estático, sobre el firmamento.
Las horas, de un ir, parar, en frases, barcos navegando sobre palabras, de un atardecer, de suave brisa, acariciando las alas, de gaviotas intentado vencer al viento de poniente.
Pudo se, una comparación, navegante sin mar, pisadas sin pie, zapatos abandonados, sobre palabras olvidadas.
Saltos, espera del sonido deslizándose por rendijas de puertas olvidadas y desnudas, llenas de nostalgia y Amparo de recuerdos.
Caídos sobre piedras, que fuertes, aguantan tempestades, de nostalgia, palabras de amor en estepas desorientadas.
Ver sin vista, ojos que divisan lo que su dueño olvido ver, que más sentir en una bolsa de palabras, que buscan la libertad.
Isabel Coronado Zamora
La dificultad.
El valor de las cosas, el tiempo perdido, la alarma, de los sentidos.
Luego, por vida, de cerca, eligiendo, las clases del saber.
Teniendo las confesiones, de la necesidad, llamando a un encuentro,.
Trabajo que da el olvido, los huecos, de los oficiales, la comunicación, navegando, en contra del tiempo.
Reloj de la vida, sin vender la personalidad, de los gages de oficios que la vida da.
Salir bien, mal encontrando, buscando, la suerte, de partir.
Todo diferente sin entender la nostalgia,me estar lista, de escuchar palabras , perdidas, saliendo imágenes de cualquier aparato
Conclusiones que te lleva a el enredado en la nostalgia..
Isabel Coronado Zamora
domingo, julio 12, 2026
PLAZA DEL MERCADO
Fiesta de la barriada de la plaza o mercado. Almendralejo
El primer recuerdo de este lugar, es de una verbena, no sé
porque fuera sí que fui con mis padres.
Aun estaban en pie, los quioscos de la explanada, (o
aguaduchos) como popularmente eran llamados.
La visión de los recuerdos, es una película de
improvisaciones, donde surgen escenas olvidadas, en quietud, paralizadas en el
tiempo, espacio, donde surge la imagen sonriente de mi padre, con un paquete de
algo blanco que el vendedor le había dicho que eran (palomitas de maíz)
Que cosa más rara, contesto, mi madre nunca había conocido
tal golosina, cuando la probé mi gusto infantil, no le llamo al paladar y con
el cartucho de papel traslucido, donde parecía que las palomitas revolotearan
buscando la salida, para emprender vuelo, agradecí que mi padre viendo que no
eran comidas, me la arrebatara de las manos, con gracia y se pusiera el envoltorio,
en la boca donde empezaron a volar las palomitas a su boca mientras reía a
carcajadas y me miraba.
Nos acercamos al Aguaducho, regentado por uno de sus amigos,
que le había dicho que traía como novedad un líquido con color chocolate
llamado Pepicola.
El mostrador era circular llena de bullicio, lo que más se bebía,
vino y aguardiente.
Sonrisa, alegría, todos queriendo ser atendido, la bebida era,
gaseosa, casi todos pedían un refresco de Orange (de naranja), para las mujeres,
bebida, efervescente, marrón, el amigo que nos llama la atención con ánimo, de
que probaremos, que nadie por desconocimiento pedían.
En la barra de
cemento, coloco tres vasos de cristal, llena de Pepsicola, en esto en mis
recuerdos veo llegar a mi tía Amalia con su trole y marido, tan dicharachera,
alegre y sabedora del mundo.
Y poner vasos para todos, hay que tener en cuenta que en
estos años el frio para las bebidas, no existía y la nieve, aunque la fábrica
de hielo de Cueva, suministraba, a los industriales de Almendralejo y todo el que precisare.
Al tabernero de aquel
quiosco, se le debió olvidar el pedido y allí todo era servido del tiempo de un
mes de julio de la época.
Cuando probé aquel líquido marrón, calduo y caliente, con un
sabor que mi paladar no estaba hecho, dije que no le gustaba.
El rechace, siendo observada,
con mi corta edad, viendo mi tía, el momento que pasaba, me tomo el vaso, se lo
llevo, a la boca y como entro salió, diciendo que aquello estaba malo.
El marido hombre
sabedor de sabor, dijo. ( Esto es sencillamente Zarza Parrilla de toda la
vida).
Se escucharon carcajadas divertidas y una voz, que dijo,
pero como no conocéis esta bebida americana (Pepsicola).
Con gracejo alguien de nuestra reunión contesto, fría a lo
mejor, pero esto es un caldo que aun necesita elaboración.
De aquella noche recuerdo la música de uno de los grupos del
pueblo y aun músico que saludo mi padre, cuando mi madre le pregunto quién era,
el contesto (El Mene).
Felix, el churrero, su jeringaría, la tenía abierta, juntos
nos encaminamos a ella , había que esperar cola, nos sentamos en los poyetes
del cerramiento, que antaño la rodeaba mientras los mayores iban a comprar la “Jeringa”.
Mientras no parábamos de reír, jugar nos daban una perra
gorda y compramos algodón de azúcar, con un sabor tan raro, que fuimos a decirlo
que nos habían dado algo que estaba malo, contestación—Es un pan mascado, toma
otra perra y comprar turrón.
El turronero cuando fuimos, empeñándonos, para llegar al
puesto, con ojos golosos, primero pidió el dinero de cada uno, conto las perras
gordas que daban para un trozo, que dio al mayor, de los primos, mientras los
otros llorábamos desconsolados.
Fuimos en busca de los mayores, pero cuando vimos que salían
con la jeringa, pasadas las porras crujientes por un junto, corrimos a su
encuentro, saboreando tan rico manjar,
Los recuerdos, son telones a medio abrir, los tramoyistas
somos notros solo tenemos que alzarlo.
Isabel Coronado Zamora
sábado, julio 11, 2026
HISTORIA DE UN PASADO “LAS CHIMENEAS”
HISTORIA DE UN PASADO “LAS CHIMENEAS”

Cada chimenea que vemos encierran vivencias de etapas
pasadas, de un Almendralejo inquieto deseoso de aperturas, progresos, las que
han logrado mantenerse, con su historia almacenada en su estructura, testimonio
de una industria en la quema y trasformación.
Las personas que formaron parte del lugar, con un trabajo
duro, soportaron con sacrificios por aportar un sueldo mayor a sus familias.
Nada queda de
aquella alcoholera y chimenea, que estuvo en la carretera Santa Marta, frente
las traseras del museo del vino, sus primeros
dueños fue Sociedad
Cueva y franco Alcoholes y bodega.
Esta sociedad se deshace y Franco se queda con la bodega
que hacia esquina con calle Ortega Muñoz y Santa Marta.
Alonso Cueva continua con la alcoholera con el nombre de
Alonso Cueva e hijos SL.
Industria que iba bien, pero Francisco Cueva Maqueda sufre
un accidente en 1973 cuando 51 año y muere.
Continuará, pero será vendida a Alfonso Iglesias Infante,
que, durante un tiempo continua, pero es vendida la industria y convertido en
el edificio de pisos que hoy vemos.
Empresas con
bastantes trabajadores, a mi memoria viene cuando de niña mi vecina Antonia
llegaba a casa y pedía que acompañara a su hija Domin, de edad semejante a la
mía a llevarle la comida al padre, a dicha Alcoholera donde trabajaba su marido
Juan Cuevas, pariente de los dueños.
Todos los días, íbamos con una cesta de mimbre roja, con
las viandas que tocara, para toda la jornada de 12 horas, de día y otras de
noche, vigilando la caldera.
Cuando íbamos llegando de la chimenea salía el humo que se
perdía en el cielo y el olor de los gases que expulsaba que nunca he olvidado.
El recuerdo, de
nuestra mano pequeña, llamando en la chapa y abrirse la puerta y escuchar la
voz de su padre, llamándola, bajando la escalera para ver a su hija y disfrutar
el único instante del día, de verla, pues cuando llegaba estaba durmiendo y se
levantaba ella él dormía.
Le tomaba la cesta que abultaba más que ella, de la mano,
nos subía a arriba a la terraza, al lado la chimenea, que no dejaba de expulsar
sin cesar.
Juan se sentaba pegado a la chimenea, indicando que hiciéramos
lo mismo, empezaba abrir la fiambrera blanca, herméticamente cerrada con, guiso
sabroso, degustando y acariciaba a su hija,
Trabajos muy duros,
olor pegado a su piel, que nunca más se le iba, sus poros absorbían la fetidez
que desprendían las calderas.
En la zona solo
había bodegas, la fábrica de hielo y en la esquina de Ortega Muñoz con
Carretera Santa Marta el chale de Lorenzo Albares.
Otra chimenea “ La Alcoholera Extremeña", hoy Museo del Vino, me trae el recuerdos del
Pedro Zamora, Padre de Conchi, era fogonero, surgiéndome imágenes viéndole echar las palas de carbón a la chimenea para
calentar las calderas, donde saldría el alcohol.
Trabajaban por
turnos lo mismo era de noche que de día.
Más de una vez acompañe a Conchi, con su cesta de mimbre
rojo a llevarle la comida.
Trabajo duro, arriesgado, de sacrificios, de día y noche
con turno agotadores.
Otra alcoholera fue
la de Zacarías de la Hera donde trabajaba el padre de Age Arrabal, de fogonero,
recuerda con amor el sacrificio que, hacia su padre, en las navidades, aun
viniendo de la fábrica hartito de trabajar, de una caldera de quemar alcohol,
su madre lo entraba en la habitación y le hacía vestirse de rey mago.
Las chimeneas hoy nos contemplan calladas y como compaña a
Cigüeñas que anida en su altura
Cada alcoholera tenía su chimenea de
diferente altura, donde se quemaban el vino convirtiendo se en alcohol.
La de Montero recordando un pasado glorioso.
Empresa punteras de Almendralejo, abrió
caminos, salida a la producción vitivinícolas en la zona y alternativa.
Bodegas Montero era conocida en el extranjero,
su ginebra, vermú, Ron caballo blanco, mistela o Brandy especial Magalino
de gran calidad.
En 1960 tenía más de treinta empleados, con
una flota importante de camiones cisternas para trasportar los caldos, oficinas
con un nutrido grupo de Escribientes.
Su sirena, potente señalaba la entrada
al trabajo, se espacia por todo el pueblo, señalando el comienzo de la jornada
y salida, sonido atronador que ha quedado en los sentidos y parece que las
oigamos.
ISABEL CORONADO ZAMORA
Cada chimenea que vemos encierran vivencias de etapas
pasadas, de un Almendralejo inquieto deseoso de aperturas, progresos, las que
han logrado mantenerse, con su historia almacenada en su estructura, testimonio
de una industria en la quema y trasformación.
Las personas que formaron parte del lugar, con un trabajo
duro, soportaron con sacrificios por aportar un sueldo mayor a sus familias.
Nada queda de
aquella alcoholera y chimenea, que estuvo en la carretera Santa Marta, frente
las traseras del museo del vino, sus primeros
dueños fue Sociedad
Cueva y franco Alcoholes y bodega.
Esta sociedad se deshace y Franco se queda con la bodega
que hacia esquina con calle Ortega Muñoz y Santa Marta.
Alonso Cueva continua con la alcoholera con el nombre de
Alonso Cueva e hijos SL.
Industria que iba bien, pero Francisco Cueva Maqueda sufre
un accidente en 1973 cuando 51 año y muere.
Continuará, pero será vendida a Alfonso Iglesias Infante,
que, durante un tiempo continua, pero es vendida la industria y convertido en
el edificio de pisos que hoy vemos.
Empresas con
bastantes trabajadores, a mi memoria viene cuando de niña mi vecina Antonia
llegaba a casa y pedía que acompañara a su hija Domin, de edad semejante a la
mía a llevarle la comida al padre, a dicha Alcoholera donde trabajaba su marido
Juan Cuevas, pariente de los dueños.
Todos los días, íbamos con una cesta de mimbre roja, con
las viandas que tocara, para toda la jornada de 12 horas, de día y otras de
noche, vigilando la caldera.
Cuando íbamos llegando de la chimenea salía el humo que se
perdía en el cielo y el olor de los gases que expulsaba que nunca he olvidado.
El recuerdo, de
nuestra mano pequeña, llamando en la chapa y abrirse la puerta y escuchar la
voz de su padre, llamándola, bajando la escalera para ver a su hija y disfrutar
el único instante del día, de verla, pues cuando llegaba estaba durmiendo y se
levantaba ella él dormía.
Le tomaba la cesta que abultaba más que ella, de la mano,
nos subía a arriba a la terraza, al lado la chimenea, que no dejaba de expulsar
sin cesar.
Juan se sentaba pegado a la chimenea, indicando que hiciéramos
lo mismo, empezaba abrir la fiambrera blanca, herméticamente cerrada con, guiso
sabroso, degustando y acariciaba a su hija,
Trabajos muy duros,
olor pegado a su piel, que nunca más se le iba, sus poros absorbían la fetidez
que desprendían las calderas.
En la zona solo
había bodegas, la fábrica de hielo y en la esquina de Ortega Muñoz con
Carretera Santa Marta el chale de Lorenzo Albares.
Otra chimenea “ La Alcoholera Extremeña", hoy Museo del Vino, me trae el recuerdos del
Pedro Zamora, Padre de Conchi, era fogonero, surgiéndome imágenes viéndole echar las palas de carbón a la chimenea para
calentar las calderas, donde saldría el alcohol.
Trabajaban por
turnos lo mismo era de noche que de día.
Más de una vez acompañe a Conchi, con su cesta de mimbre
rojo a llevarle la comida.
Trabajo duro, arriesgado, de sacrificios, de día y noche
con turno agotadores.
Otra alcoholera fue
la de Zacarías de la Hera donde trabajaba el padre de Age Arrabal, de fogonero,
recuerda con amor el sacrificio que, hacia su padre, en las navidades, aun
viniendo de la fábrica hartito de trabajar, de una caldera de quemar alcohol,
su madre lo entraba en la habitación y le hacía vestirse de rey mago.
Las chimeneas hoy nos contemplan calladas y como compaña a
Cigüeñas que anida en su altura
Cada alcoholera tenía su chimenea de
diferente altura, donde se quemaban el vino convirtiendo se en alcohol.
La de Montero recordando un pasado glorioso.
Empresa punteras de Almendralejo, abrió
caminos, salida a la producción vitivinícolas en la zona y alternativa.
Bodegas Montero era conocida en el extranjero,
su ginebra, vermú, Ron caballo blanco, mistela o Brandy especial Magalino
de gran calidad.
En 1960 tenía más de treinta empleados, con
una flota importante de camiones cisternas para trasportar los caldos, oficinas
con un nutrido grupo de Escribientes.
Su sirena, potente señalaba la entrada
al trabajo, se espacia por todo el pueblo, señalando el comienzo de la jornada
y salida, sonido atronador que ha quedado en los sentidos y parece que las
oigamos.
ISABEL CORONADO ZAMORA
LA ADTUACION
ALMENDRALEJO
Te lo mereces si es un poco de inspiración, de años, por lo
tuyo, ensayando, complicadamente.
Las distorsiones, de una atmosfera, en los pensamientos,
nunca fueron desarrollados.
La música sonando con la fuerza de una cascada, que salen de
los sonidos, emitidos en la bocanada del eco de la montaña.
Las rimas consonantes, hiladas de palabras navegando por
ponientes que se hacen orillas de acaparar los rayos que van deslizándose hacia
el fondo.
No se ve ni siente, en noches mágicas.
La nota frágil que explota en un hacer de imitación.
Al final de un amor editado, haciendo el agradecimiento, que
un tono navegador, increíble, pasando el rato, que la claridad de la dificultad
nos dio la gracia del bien.
La cosa más sencilla de un reflejo en nuestra retina, nos
hizo navegar por los mundos de la nostalgia.
ISABEL CORONADO ZAMORA
domingo, julio 05, 2026
sábado, julio 04, 2026
ROPA Y PIEZAS REMENDADAS
He intentado buscar fotografías de piezas realizadas en
ropa.
El motivo era que a mis nietos/as le gusta que le cuente
historias, y le empecé a referir como era la vida no hace de esto muchos años,
pues que son 60 años en una vida.
Cuando les cuento que la ropa que tan alegremente hoy se
tira y los armarios están llenos de gran variedad, antaño era muy diferente y
escasa.
Les contaba que en tiempos pasados y estos lo narro para que
se tenga nociones de una vida, que a su manera las personas la vivían y como no
había otra se aceptabas, pero no cómoda ni feliz.
La mujer de múltiples oficios, pero ser costurera era muy
necesarios, para mantener la economía de escaseces donde el ahorro de unas
perrinas era poder tirar hasta la vendimia o hasta la siembra de melones o que
el huerto familiar produjera genero para pasar el verano, como digo hasta la
vendimia.
Cuando el marido, hijo, hermano y padre se presentaba con
los pantalones rotos era la señal que había que acostarse tarde y con poca luz,
pues en mi casa hasta que llego la luz a la calle Francisco Romero Guerrero,
(antaño travesías Divino Morales) nos alumbrábamos con Carburo incluso con
candil.
Diréis que es antiguo, no hace tanto unos años, una vida eso
sí.
Aquellos pantanos de pana que en su día valieron para bailar,
de buena pana comprada en Zafra en la feria o en la de Mérida en el comercio de
la China quera donde mejor tela de labranza había y de todas clases de tejidos,
como el lienzo para hacer camisas y calzoncillos.
Aquel pantalón con los años se fue gastando y cuando aparecía
un roto se le hacia una pieza que era con la tela que le sobro al sastre o
sastra cuando lo hizo, la tela sobrante echo un rollito se le daba y era
guardado con otros restos de tela en el cajón secrete de la cómoda familiar.
Era muy laborioso hacer esta costura un aprendizaje enseñado
de familia en familia a las mujeres que eran las encargadas como escribo en
realizar todo lo referente a costura.
Cuando el pantalón estaba tan lleno de piezas, que era una
diversidad de colores de restos de otros, se ponía entero el pernil, como
resultado una pierna del pantalón era de un tono y el otro pernil de un color
diferente, al estar la tela más nueva.
Pero era un trabajo también realizado, que es una pena que
no esté estos trabajos en el museo del traje, por lo menos como homenaje a
estas costureras de la escased
Gustaba, aunque
fueran los de su casa pieceado que fueran bien realizado un trabado que no era fácil
hacer piezas.
ISABEL CORNADO ZAMORA
El Alma

Lo que haces y maravilloso es el árbol que el Amo combinado en un blog de notas
Escuchar, en silencio por un sostenimiento, decrecer de cerrar y penitencias
Puertas de nostalgia en blanco y negro, la estética de un romanticismo, en una modernidad, de asombro.
Lo moderno, estático, la comunidad de un paso en un plato de multitudes.
La delicia de preparar y a trozos agarrar, una punta de la comodidad.
Galope de senderos en llano y lisa estirpe, de solución de problemas en tempestades que palabras, caídas en el olvido de la necedades.
Oculto es matar un tiempo, de la dificultad, de encontrá la huella de no tener el acierto de decir la palabra surgida a destiempo.
La mayoría de la frondosidad de un recordó, que da forma, a la molestia de hacerte hacer lo que surja
Levantando, y lanzando su tranquilidad de estar ocultado, pasar por encima, arrancar y calentar la normalidad y volver a tropezar.
Esconderé de la destreza de sacar y encontrar la fortuna, de pegarse la bondad que va pasando en cada salto que le das a la vida.
Isabel Coronado Zamora
PASAR
`Pasar por los sarmientos que recorren nuestras vidas, la despreocupación, no contestar, en días, pedir permiso abrir la puesta y dejar de mirar el reloj.
La suerte, el orden, la sencillez, estar lista para pasar, todo esta listo para cerrar, una puerta que sus siglos han ido oxidando pernios, puntas y cerraduras.
No cerrar una cerradura anclada en unas guardias oxidadas, que han sentido manos sobre manos en llaves enormes, con una cadena que se colgaba del cinturón que sujetaba el raído pantalón de pana pieceado con telas de otros,.
Pantalón que valía para todos los meses del año, la faena para verano, invierno.
Eran unas maestras, las mujeres de antaño en reciclar, un pantalón valía casi toda la vida, cuando un pernil estaba tan raído que se veia por el la carne de las piernas, era el momento de sacar del cajón secreter de la cómoda el royo de tela que al sastre le sobro cuando lo realizo y que devolvía el resto sobrante.
De esta teta se sacaba el pernil y era sustituida por la desgastado, entonces una pierna era de pana de un tono y el otro ya desgastado estaba con otro color.
Que tiempos.
ISABEL CORONADO ZAMORA
sábado, junio 27, 2026
Amar.
Aún recuerdo, lo conseguido, sin hacer nada, por un porfavor.
Sentados, sin ropa de paseo como se decía años.
El cuerpo, sin pose de padres, que saludar, como el presentador del viejo televisión.
Sin observación ni ser escuchado , esperando una información, agotado de palabras sin gracias ni dones
Muchas vidas de una súper vivencias convertidas en película.
Sin ver cómo falta de batería, sin saber donde depositar, una puntería a oscuras.
El trabajo de atender, en una acampada fatal sin recursos, de un no, de lección mal enseñado.
Puerta cerra, visión de una vida caminata, que fue trampa, de un refugio imaginario, que trajo el recuerdo del chozo del huerto, realizado por manos campesinas, refugio de palabras.
Los árboles cobijo de un sembrado, que fue el decir de los sentidos.
De aquellos domingos, cantarines en un puesto principal de pipas.
En una lista prevista decisiones inesperadas, esas que se toman pensando que son las mejores.
Deben pasar años antes de que los ánimos decaigan
Ideas de juegos, llenos de adivinanzas,cocinadas en un valor inesperado.
Padres que fueron opuestos en una esquina de cruces exagerados.
Un poquito de un sabor a una seguridad, sin control, en un espacio de exposición.
Nunca fue el santo ni las notas mágicas, que llevan una moda aproximada al seguro de un solo de un te gusta.
Novedades de lo que siempre fue una visión de un desastre, que pasa en un tiempo inmóvil.
Isabel Coronado Zamora
miércoles, junio 24, 2026
Siesta
Respeto a si se decia, democracia, peinador de discusiones.
La siesta aquellas de calo, acostados en cochon de lana.
Cuando llegaba el verano la lana se sacaba del colchón, se lavaba, mechón por uno, se puede iba abriendo al sol y se dejaba un día entero antes de volver a entrar en la funda.
Todo mullido, el colchón, desaparecido el olor a borrego de un año, blanquear paredes y pintar zócalos y telarañas que se apoderaban le los techos de cañizo, por donde se colaba la tierra que se ponía de plataforma debajo, de las tejas
Muebles eran tan pocos, el catre o cama, el arca si eras más pudiente armarios, enredado y desvencijado, una silla de asiento de juncia, espárrago (perchero) y poca cosa más.
Que veranos tan sofocantes, el agua en el barrio de barro de Salvatierra.
La cantadera, en la zona oscura y fresca de la cocina con los cántaros del agua, del seño Fabián, porque estuvo esquina calle Tercio y Divino Morales.
Agua de gran calidad y muy apreciada por la vecindad.
La siesta, se paraba todo, se madrugaba y a medio día el reloj marcaba la siesta.
Comer aquellas sopas de tomate, que ricas, acompañada con uva y melón.
O picadillo o cojondongo y gazpacho, bien majado y aderezado, con pepino del huerto y melón.
Eso sí había que dormir la siesta, si o si, la casa era un silencio, ni la respiración se escuchaba,.
Por la cuenta que había, pues la zapatilla era ágil en las manos de las madres.
Los chiquillos no querían dormir, el calor sofocantes, ese que te hace buscar el suelo buscando frescura.
La siesta, donde ni los perros sin amo andaban por las calles.
Todo era quietud en el pueblo y si no dormías la zapatilla andaban listas en las nalgas y donde aterrizarán.
Era un calor sofocantes de los que se quedaban pegados el sudor, pues no había duchas ni cuartos de baño, lavarte por partes
La siesta con el sabor en la boca del gazpacho y el llanto resultados del aterrizaje de la zapatilla en las nalgas.
Años recordados por la dificultad sea conocidas pero sin nostalgia.
Isabel Coronado Zamora


























