Noviembre.
Era un mes, que estaba lleno de nostalgia.
El verano había dejado la alegría de salir por las noches al Parque de la Piedad.
El otoño no podía ser un deseo, que no compartía con mis amigas de quedar en casa hasta que llegaba el domingo.
Las tardes aparecían siempre de pronto, se pasaba del sol resplandeciente a la oscuridad.
Pronto las calles se volvieron silenciosas, poco iluminadas, oliendo a brasero de Picón.
Noviembre era un mes de difuntos, de contar historias.
De reuniones alrededor de la mesa camilla, al calor del brasero urgando con la paleta o vadila el brasero, una firma como se deci a este menester para a vivar la lumbre.
Noches asando castañas, bellotas o batatas de Málaga de,.
Que ricas estaban y ávido escuchando a las personas narrando o contando historias.
Alumbrados por una misera bombilla y otras por un candil o la luz de un carburo, con su olor nauseabundo.
Reflejando la llama sombras en moviento, desfigurando e imprimiendo en las paredes encaladas de cal amarillentas figuras inquietantes.
El narrador sabedor del interés que eran sus relatos, sacaba la petaca del bolsillo de arriba de la chambra, el librito de papel para liar el cigarro y el mechero de mechas.
Todo la hacia tan lento que aburría verlo tan sereno.
Una sacada la mecha y friccionar la rueda esta soltaba chispa suficiente para encender la mecha.
Soplaba un poco y arrima el cigarro que tal qvilm nte abia liado y arrimado a los labios chupaba fuerte el pitillo y este se encendía mientras el con una tos persistente apagaba mecha tapándola con la yema del dedo.
Ya estábamos todos preparados con atención en el silencio d que se iba haciendo dueña de la noche.
Los primeros fríos intensos de Noviembre, las lluvias que eran buenas para la sementeras pero aburridas.
Con las calles llenas de Barros que se volvían intransitables.
El poco trabajo de los jornaleros que con las lluvias no podía ir al tajo .
Mientras escuchabas las historias escuchabas las canales del agua callendo en las vasijas que se ponían para tener agua en las casas .
Y no tener que hacer el acarreo del agua de los 🧦 zos que vendían tan preciado líquido para casa y abitantes.
El frío te hacía pegarte uno con otros alrededor de la camilla y Gato salteado pies para no caere en algún movimiento de pies, en el brasero.
El olor a pelos quemados unidos al salto que daba del brasero sacando llamas esparcidas por la tarima y los pies de los presentes.
Noviembre era el de los tantos y difuntos y esas eran las historias preferidas de ir desmembrando y lentamente era como si los personajes de la narración tomarán vida.
Isabel Coronado Zamora


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